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Encuestas en Estados Unidos
revelan que existe repudio
generalizado al gobierno
David
Brooks
Corresponsal Periódico La
Jornada
Una estudiante de la
Universidad Berkeley de
California durante una jornada
de movilizaciones en diversos
campus del estado contra los
recortes presupuestales a la
educación pública que han
llevado a la cancelación de
clases y recortes de maestros
Una abrumadora mayoría de
ciudadanos desea expulsar a sus
representantes federales electos
en lo que es un amplio consenso
no partidista, un mensaje que se
puede resumir, con ecos
argentinos de otros años, en un
"¡que se vayan todos!"
El repudio público al gobierno
de Estados Unidos aún no se
expresa en algo que pudiera
llamarse "rebelión", tal vez
porque en este "sistema
bipartidista", no hay canales,
ni un movimiento nacional por
medio del cual poder expresar
ese repudio. Más bien, entre los
que tenían esperanza se nutren
el cinismo y la desmovilización,
pero para algunos sectores de
derecha, es una oportunidad
dorada.
No hay acciones militantes en
las calles, pero sí hay
incidentes como el de un piloto
suicida contra el edificio en
Austin, donde estaban las
oficinas regionales de la
oficina federal de impuestos (Internal
Revenue Service); el piloto,
después de incendiar su casa,
despegó con su avioneta para
nunca volver pero dejo una nota
en la que detalla su ira contra
el gobierno por rescatar a
bancos y grandes empresas, y
dejar en manos de la avaricia
empresarial a los necesitados de
servicios de salud.
También hay explosiones
electorales, como la derrota
demócrata en Massachusetts en la
elección especial para sustituir
al fallecido senador Edward
Kennedy ante un republicano
desconocido cuyo triunfo hizo
temblar a la Casa Blanca y al
Congreso, lo cual fue producto
de una movilización de bases
ultraconservadoras pero no
necesariamente leales a los
republicanos llamada el Tea
Party que se manifiesta a lo
largo del país, y que descarriló
la estrategia nacional de los
demócratas.
Demócratas y republicanos,
reprobados
Las encuestas registran índices
sin precedente de repudio contra
la cúpula política; una reciente
de CBS News/New York Times
indica que tres cuartos
desaprueban al Congreso en
general, y menos de uno de cada
diez encuestados cree que su
legislador federal (de su
distrito o estado) merece ser
relecto. Según esa encuesta, y
otras como la de CNN, ambos
partidos están reprobados, y la
aprobación de la gestión de
Obama está en sus índices más
bajos desde que llegó a la Casa
Blanca
Y cada día el Congreso da más
razones para confirmar las
sospechas populares. Esta
semana, por ejemplo, continuaron
las disputas y divisiones no
sólo entre partidos, sino en
cada uno de ellos en torno a
salud, empleo y la regulación o
no de Wall Street. Por un lado,
un solo republicano provocó una
demora en la entrega de
beneficios de desempleo a
millones de personas, y por otro
lado uno de los legisladores
demócratas más poderosos,
Charles Rangel, investigado por
violaciones de ética al aceptar
viajes de empresas al Caribe,
entre otras cosas, primero
afirmó que no renunciaría como
presidente de un comité, sólo
para anunciar, 12 horas después,
que pidió licencia como
presidente aunque todos saben
que nunca regresará al puesto.
Mientras tanto, investigaciones
legislativas sobre
comportamiento corrupto de otros
siete representantes fueron
desechadas.
Y como siempre, hay
investigaciones y acusaciones de
todo tipo de aventuras sexuales
en los pasillos del poder. Los
políticos insisten en que todo
lo que hacen es en nombre del
pueblo.
Por ahora, la reprobación
popular se manifiesta más
visiblemente a través de la
derecha, con movimientos de base
casi exclusivamente blancos que
perciben que alguien les está
"robando" su país. Esta
vertiente asomó de manera
explícita ante la candidatura de
Barack Obama y continúa con él
en la Casa Blanca con
acusaciones de un complot
"socialista" y si no, uno
musulmán. A la vez, esto se
manifiesta en una creciente ola
antimigrante. Sin embargo,
también tiene sus tonos
"populistas", con furia contra
los grandes bancos, Wall Street,
las trasnacionales y el "gran
gobierno".
Del lado progresista, el
reproche se intensifica pero aún
no se manifiesta de manera
masiva y explícita, ya que los
demócratas tienen el control de
ambas cámaras del Congreso y de
la Casa Blanca y estas fuerzas
consideran a ese partido como su
única opción política. Los
sindicatos, ambientalistas, el
movimiento contra la guerra, los
defensores de los derechos gay,
los latinos, los
afroestadunidenses, los
liberales de todo tipo apostaron
todo con la elección de Obama y
de los demócratas para controlar
el Congreso.
En ninguna de las promesas
electorales hay avances
Pero en entrevistas con
dirigentes, estrategas políticos
y activistas de estos diversos
sectores, sin excepción, se
expresa la desilusión y
creciente ira contra Obama y los
líderes de la cúpula política en
Washington. "Los republicanos
estaban moribundos, aplastados
hace un año", dice un estratega
político que, como casi todos,
pidió no ser identificado para
hablar más abiertamente, "pero
el liderazgo demócrata los
resucitó al no poder resolver
nada, ni avanzar en ninguna de
las promesas que se hicieron, es
casi inexplicable". Un dirigente
latino comentó que "todos ahora
detestan al liderazgo demócrata
en el Congreso, y todos estamos
desilusionados con Obama".
Por supuesto esto provoca
preocupación en Washington. Ayer
el presidente lo reconoció al
anunciar que era hora de aprobar
ya una reforma de salud después
de nueve meses de negociaciones
(aunque la versión está muy
diluida de la propuesta original
para intentar complacer a un
sector republicano moderado, un
sector demócrata conservador y
los empresarios del sector de
salud). "En juego está no sólo
nuestra habilidad para resolver
este problema, sino nuestra
habilidad para resolver
cualquier problema", afirmó
Obama.
Por el fracaso de la dirigencia
demócrata de demostrar que
podían resolver los problemas
más serios que enfrentan las
mayorías aquí –desempleo, costos
de salud y educación, la pérdida
de millones de viviendas por no
poder pagar hipotecas, el
aparente fracaso de promover una
reforma migratoria integral y ni
hablar de la crisis ambiental–,
algunos de los principales y más
prestigiados analistas políticos
aquí ya pronostican que los
demócratas perderán su mayoría
en la cámara baja en las
elecciones legislativas de
noviembre, y no descartan que
también suceda en el Senado.
Pero para otros lo más grave no
es una derrota de los demócratas
en sí, sino la sensación
generalizada de que el gobierno
ya no funciona para resolver los
problemas nacionales.
"Mira a todos estos políticos,
hable y hable, pero no hacen
nada. Todos éstos sólo sirven a
los intereses que pagan. Y Obama,
quien nos prometió algo
diferente, pues resulta que es
igual que todos ellos. Trabajo
cada vez más, cada vez es más
difícil para mi familia, y todos
estábamos esperanzados con Obama
quien nos dijo eso de un cambio
aquí adentro y por todo el
mundo. Mintió", comenta un
taxista al pasar por el
Congreso. Esas palabras están
por todo el país.
Gentileza:: Guillermo C. Cohen-DeGovia
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