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Crónica de un encuentro de
poetas en Zamora 2009
Laura
Hernández Muñoz*
MEXICO:
Dicen los kabalistas, que el
XIII es un número especial por
sus implicaciones esotéricas.
Para los poetas que asistimos a
Zamora del 12 al 14 de junio,
convocados por EL Dr. Roberto
Reséndiz, fue el sumun de la
buena suerte.
Desde el día que llegamos,
jueves 11 por la noche, ya se
comenzaba a sentir la magia de
la palabra amable entre los
poetas que nos reencontrábamos.
Roberto con su actitud llena de
energía, amistad, y Cristina
Ramallo, con su sonrisa de hada
buena nos colmaron de abrazos,
besos y saludos. Después de
instalarnos en la habitación,
salí con mi esposo a caminar por
las calles de Zamora, próspera
ciudad michoacana. La noche era
fresca y a paso tranquilo
cruzamos la plaza. Sobre las
azoteas y edificios se asomaban
dos torres estilo gótico,
magníficamente trabajadas. De
inmediato fuimos transportados a
Praga, recordando la similitud
con la catedral de san Vito. Las
torres iluminadas nos atrajeron
como insectos a la luz. Al
llegar a la calle abierta, se
presentó imponente, con toda su
belleza una catedral gótica
maravillosa, una de las más
hermosas de México. Largo rato
estuvimos admirándola, y con
esta imagen, regresamos a dormir
al hotel.
El viernes 12 despertó con un
calor agobiante que rivalizaba
con el que emanaba de nuestros
corazones. La cita en el Centro
Regional de las Artes de
Michoacán, para la inauguración,
nos llevó a caminar a poetas de
diez países de América, así como
de España y Rusia, por las
calles del mercado de una ciudad
bulliciosa y trabajadora. La
ceremonia estuvo como las cosas
buenas: breve y sustanciosa con
al presencia de las autoridades
locales. Se exhibió un
documental sobre Colombia, país
invitado, y al terminar, fuimos
distribuidos en grupos de seis
poetas, para ir a dar lecturas a
diferentes escuelas e
instituciones educativas. A mí
me llevaron, junto con Francis
Mestries, Waldina Medina,
Bárbara Oaxaca, José de Jesús y
Mario Rey, al colegio Monarca.
Una institución con el sistema
Pierre Faure. Desde que subimos
a la camioneta, dirigida por una
de las maestras, nos dimos
cuenta que la pasaríamos muy
bien. El recibimiento en el
colegio por los niños de quinto
y sexto fue cordial. Pasamos a
al biblioteca y ahí fuimos dando
nuestras lecturas. Yo leí un
cuento poético e invité a los
niños a que hicieran una crítica
constructiva; el resultado fue
sorprendente. Como autora me
sentí muy satisfecha por haber
podido entrar a su mundo. Cada
uno de mis compañeros poetas
fueron leyendo, o haciendo
taller, como Waldina, que en
unos minutos revolucionó a toda
la concurrencia. Bárabara cantó
maravillosamente la historia de
unos gorriones, y Mario y don
José cautivaron con sus versos.
Al terminar nos trasladaron a un
restaurant donde comimos y
compartimos nuestras
experiencias. Después fuimos al
hotel para prepararnos a la
tarde de lectura de poesía.
Las horas pasaron entre versos
libres, y palabras llenas de
emoción. Para cerrar el día nos
ofrecieron un recital de ópera
en el teatro del Obrero. Recinto
magnífico donde la voz de una
muchacha se alzó como prima
donna.
El sábado seguimos con las
lecturas en el teatro y por la
tarde, un recital de música. Los
días pasaron de prisa, se
hicieron breves como un hai ku.
El compañero de Poetas del Mundo
Hernando Ardila hizo entrevistas
para su revista Sin fronteras.
El domingo amaneció azul cálido.
Después del desayuno preparamos
las maletas y partimos a
Camécuaro donde nos esperaba
Roberto Reséndiz para la
clausura.
En mi memoria, éste balneario
era un espejo de agua grande
atravesado por las raíces de los
sabinos, que como en cuento de
hadas, tenían el poder de
atrapar el cielo dentro del
agua. Una gran carpa nos
esperaba para resguardarnos del
sol. La ceremonia de clausura
con entrega de reconocimiento,
libros y reloj, fue orquestada
por los gritos de los compañeros
poetas. El mariachi también
estuvo presente, así como la
birria de codero, los frijoles
refritos y salsa de jitomate.
La belleza del lugar poco a poco
se fue llenando de familias que
venían a refrescarse en las
cristalinas y verdes aguas. Se
iban acomodando por grupos, y la
convivencia, que en las grandes
urbes se pierde en el egoísmo de
la individualidad, ahí gozaba de
plena realidad. Las tímidas
muchachas purépechas, ofrecían
los jarritos de barro, corundas
y uchepos. Todo configurado en
la más perfecta de las escenas
de nuestra vida mexicana.
El tiempo inexorable siguió su
camino, y a las seis de la tarde
iniciamos el regreso a Zamora.
El autobús recorrió la carretera
serpenteante, flanqueada por los
campos de fresas y escasos
cerros poblados de huamúchiles.
Las despedidas son adioses
prometiendo el reencuentro.
Roberto nos dio en tres días, el
privilegio de habitar el
universo de la palabra, la
amistad y la alegría. Se volcó
en generosidad ilimitada, su
trabajo de organización fue
impecable. Estoy segura que
logró las s que se propuso:
realizar un gran Encuentro de
poetas donde cada uno de los
participantes saliera
enriquecido con el conocimiento
de la palabra del otro, otra, y
reafirmar, que en la poesía no
hay género, sólo el sonido
divino de la voz del alma.
Gracias Roberto, nos has dado el
obsequio que nunca muere: la
vivencia del XIII Encuentro.
Laura Hernández Muñoz*
Embajadora en México de Poetas
del Mundo
http://www.poetasdelmundo.com
http://www.poetasdelmundo.com/verNot.asp?IDNews=1804
Gentileza:: Movimiento Poetas
del Mundo
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