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Entre gatos, péndulos y
licores: homenaje a Edgar Allan
Poe
Luis
Fernando Cuartas
Poe era el Poeta. Una rara y
compulsiva relación con la
literatura lo unía a la
realidad. Él mismo creyó que en
Estados Unidos del siglo XIX,
era posible creer en la
literatura como un seño de vida,
como una profesión de fe y como
una garantía de existencia en
medio de un industrialismo en
ascenso. Más en el caso de Poe,
podríamos aplicar esta bella
frase de Rilke, “por que lo
bello no es más que el comienzo
de lo terrible…”, este hombre
huérfano busco esa condición
estética por excelencia, la
aspiración a la poesía, la
formulación de un código
racional de entender el descenso
a los infiernos, las claves del
“Nunca más” de un cuervo. Ese
hombre que confió en su arte, su
medio nunca le permitió poder
desarrollarlo en condiciones
óptimas. Un desventurado como
decía Baudelaire, su medio
siempre le fue hostil. Poe
desheredado de su padrastro, a
penas paso una breve temporada
en la Universidad, dedicado a
escribir para pequeños
periódicos y a deambular por
garitos y descubrir las
soledades en los licores del
alma más que en las botellas.
Buscó indagar en la oscuridad
mientras bebía sorbos de luz en
una extraña relación entre la
ciencia y el misticismo, entre
la matemática y los ciclos
melancólicos.
En un texto donde manifiesta ese
profundo respeto por la ciencia,
en EUREKA, habla de Kepler y las
conjeturas de las leyes y sus
movimientos, entonces él así
mismo se abroga el derecho de
hacer postulados para su propia
creación, como si fuera un
demiurgo inventándose su magia
personal. “La convicción que
surge de esas inducciones o
deducciones cuyos procesos son
tan oscuros que escapan a
nuestra ciencia, eluden nuestra
razón o desafían nuestra
capacidad de expresión” , no es
más que un preludio hechizante
de otra realidad, un surrealismo
en ciernes o de una búsqueda de
imantada condición de lo
deslumbrante en medio del
fatigoso material de lo
cotidiano, para hacer aparecer
otros mundos, que siempre
estarán en este, como lo diría
Pauwels en sus búsquedas con el
retorno de los brujos. Esto no
es más que un llamado a la
imaginación a la exaltada
capacidad creativa que busca
hacer del pozo oscuro, del gato
negro y de la casa desvencijada,
un laboratorio de sensaciones,
una conversación con la
alteridad del mundo.
La realidad que transita Poe no
es la ciencia en el sentido
exacto, es una fuerza intuitiva,
una mirada penetrante sobre el
submundo del mundo. Poe es
esencialmente un Poeta… Una
capacidad de viajar en las
pasadillas, como lo haría el
pintor Henry Fuseli (1757-1827)
donde yeguas, gnomos o pequeños
diablos se posan sobre una bella
mujer que languidece sobra la
atmósfera enrarecida del sopor
del sueño.
Poe, restablece en la narrativa
un encuentro con el mundo de los
excesos, algo no buscado
originalmente, la relación de
los deseos de lo truculento, de
la avidez por lo prohibido, una
pulsión que atrae y repulsa
entre el sexo y la muerte, entre
los licores perfumados de la
noche y la búsqueda de
racionalizar lo desconocido. El
encuentro con la narrativa, su
mejor peso literario, se da por
una urgente necesidad de
establecerse como escritor, por
ganar unos dólares, por
encontrar un lugar donde
escribir sus enormes dimensiones
imaginarias.
Es como encontrar un gato en una
biblioteca, el maullido de una
antigua selva mental, algo que
nos previene de en una página
nueva. Con Poe el mundo
cotidiano, la prosaica y brutal
existencia de oficios diarios,
la higienizada materia de
nuestras tareas, entra en una
corrupción revolucionaria de los
sentidos, se altera el orden, se
mueve el piso. Literalmente
movernos la baldosa o sacarnos
de quicio, la teja corrida (el
pensamiento) y el piso
deslizante ( el sentido de
realidad) es una manera de
crear, de proponer nuevas
maneras de comprender nuestro
entorno: una estética de una
rara belleza, una sensación
pendular, la oscilación de lo
que va y lo que viene, la huida
y el regreso, pero un péndulo
que en la narrativa de Poe,
siempre esta pendiendo de un
hilo que poco a poco se va
rompiendo, se desgasta y se
tensa, haciendo que todo parezca
tan frágil y a la vez tan
eternamente débil.
El Lago de la casa Usher siempre
quiso devorarlo, en enigmático
Augusto Dupin estuvo siempre
tras su pista, Legrand adivinaba
que el escarabajo estaba en su
mente, la momia habla en su
dialogo infinito con las momias
de nuestras angustias, por eso
Allamistakeo, desde una Egipto
remoto establece contacto con el
presente en un macabro
recordarnos lo efímero de
nuestras arrogancias.
Poe se hermana y se hace cercano
a esa literatura que establece
un diálogo entre fuerzas
contrarias, ciencia y magia, la
religiosidad con los ojos
abiertos y la duda con la
angustia oscura. Desde William
Blake, casi antecesor de su
noche vigilante, pasando por el
Frankenstein de Mary Shelley
(1818), y las novelas de Matthew
Lewis (El monje), William
Beckford y Ann Radcliffe. Los
novelistas góticos modernos,
como Angela Carter, Patrick
McGrath y Toni Morrison son muy
apreciados, y el gótico continúa
influenciando el cine y la
televisión -desde obras clásicas
como Nosferatu (1922) hasta
Buffy Cazavampiros (1997-2002)-
y a artistas visuales como Glenn
Brown y los hermanos Chapman. En
literatura su huella esta en su
gran mentor y traductor
Baudeliere, quién lo dio a
conocer en Francia y que lo
propuso como un código estético
de donde bebieron de sus
alcoholes posteriormente muchos
grandes escritores. Mallarmé
escribe un poema sobre la Tumba
de Poe, Valery hace su Señor
Teste, como una geometría donde
todos los elementos son
postulados de una serie de
axiomas resultados de una
imaginación ordenadora y
fascinante, un señor cerebro que
obtura todas las operaciones del
espíritu. Pues bien Poe, en su
ensayo sobre el cómo escribió el
poema del Cuervo, habla de esa
estructura que une lo espiritual
con una matemática de la
composición, una idea que
integra el yo creador en el
componente de su propia
creación, algo que llevado al
extremo es la punta de un
nihilismo aterrador. La idea de
ordenar la gelatinosa
existencia, de formular el
concepto rector, la insignia
gestativa de la invención
artística, hasta encontrar una
forma de nadar en el cacumen de
la entelequia, para abandonar el
ruin ruido exterior, la anécdota
de la novela miserable de la
vida, esos lloriqueos y esas
fabulaciones sobre pasiones
estranguladas en destellos
miserables de humanos
estupidizados por la rutina y
las simplificaciones aplanadores
de la existencia. Pues bien,
Valery hace suyo esa estética
que Poe insinuaba y trataba de
balbucear.
Más que decir de la herencia
otorgada desde Los crímenes de
la calle Morgue, con la
trasformación de la novela negra
y la novela policial. Nuestro
detective Sherlock Colmes y su
elemental Watson, de Arthur
Conan Doyle, el padre Brown de
Chesterton, para luego pasar al
folletín de Ágata Christie y las
novelas de Graham Greene, todos
ellos heredaros de Dupín, de la
noches de lluvia y de las
conjeturas sobre el más mínimo
detalle.
Julio Verne toca la única novela
de Poe, una demencial historia
de canibalismos, de sueños y de
trampas, donde un aventurero
sale a la mar en un buque donde
pululan ratas, historias de
náufragos, pesadillas y
silencios. Estamos hablando de
la novela Las aventuras de
Gordon Pym y de la continuación
que hace Verne con su La esfinge
de los Hielos” ambos escritores
de un autodidactismo científico
bastante sorprendente. Más esta
rara novela se convierte en tema
para los surrealistas, para los
viajeros de lo onírico, para las
capacitados para fantasear,
recordando raros relatos como
los de Jeremías N. Reynolds en
el Pacífico y en el Polo Sur, o
el tema de Cleridge, El viaje
del viejo marinero. Robert Louis
Stevenson retoma estos
enigmáticos viajes, H. P.
Lovecraft admira este extraño
relato que es como un disparo en
el ritmo sanguíneo del relato,
un torrente que no para, que
deja sin aliento y que no deja
al lector abandonar fácilmente
el texto.
Julio Cortázar hace de Poe una
traducción muy bella, y lo pone
ante nuestros ojos con su
indiscutible talento. Poe deja
sus uñas de gato en la piel y en
la memoria, Borges tiene bellas
páginas sobre este autor, Rubén
Darío no deja de llamarlo a su
casa mental y lo realza como el
lúdano perfumado de la
literatura, más crítica la forma
cruenta como fue vejado y
apabullado por la crítica de su
propio país, por periodistas
envidiosos y por la mala saña
que se tira cuando se trata de
vilipendiar a un genio.
Honrar su memoria es hacer un
encuentro con sus libros, no
sólo sobre su literatura y sus
obras, es a la vez hace una
invitación para reconocer en
otros autores sus influencias y
sus marcas. En buena hora
saludar a este gato del libro, a
este péndulo del tiempo de lo
imaginario y tomar del dulce
alcohol de sus hechizantes
letras. Poe no deja de ser de
nuestra estirpe sedienta, un ser
que estuvo bajo las señales de
la dificultad, un perdedor en
vida, un hálito de mala suerte
condenando su sombra entre la
taberna y las envidias feraces
que crecen como semillas sobre
sus huesos, después de ser
arrojado a la cuneta del olvido.
Más él suele despertar de esas
empalizadas, sale de los muros,
se muestra entre el polvoriento
paso de una calle oscura a una
habitación de palpitantes
lámparas. Saca su mano, su
intensa mano de escribiente, la
mano de un ser que creyó
profundamente en su tarea, que
no se dejó demesticar por nadie,
la que se abstuvo de intervenir
en politiquerías y en camorras
literarias, la que le costó la
muerte en una contienda
electoral donde a él nunca le
importo intervenir y de la cual
sus opositores quisieron
ridiculizarlo haciéndolo
aparecer como un borrachito
vulgar.
Poe no dejará de maullar en
nuestro oído, de hacer sonidos
desde una esquina del alma, de
saltarnos las quimeras, de
asuzar las pesadillas, de
hacernos sentir el peso
humanamente humano de su palabra
contra el tedio viciado de las
rutinas diarias.
Luis Fernando Cuartas (Colombia,
1959). Escritor y ensayista.
Fundador de Taller de Luna,
grupo de escritores de la
Universidad Nacional. Cofundador
de la Revista Punto Seguido, de
la ciudad de Medellín, Colombia.
Coordina un espacio en la Radio
Universitaria sobre poesía y
música. Dirige la Fonoteca de la
Universidad Nacional, sede de
Medellín. Inédito en libro.
lfcuarta@gmail.com
http://www.revista.agulha.nom.br
http://www.revista.agulha.nom.br/ag69poe.htm
Gentileza:: Floriano Martins
[floriano.agulha@gmail.com]
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