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Carlos Calero: "Para no
arriesgar el espíritu y la
nostalgia hay que meterles un
poco más de nostalgia"
[entrevista]
Alfonso
Peña
La poesía de Carlos Calero
está amalgamada en el humus del
mensaje chamánico. Es ritual y
palpitante, mágica y llena de
enigmas; su verbo es una especie
de "ojo cósmico" que va
develando la vida y los
misterios de los hombres
(atávicos y modernos) de esta
zona telúrica llamada
Centroamérica.
Al son de su tambor ceremonial
desfilan ciudades, hombres,
caseríos, volcanes, cerros,
calles, niños, lagos y animales.
Carlos utiliza su herramienta
predilecta, "el prosema", para
trazar un esquema vertiginoso de
la memoria. Pasado/presente
interactúan en un tránsito
configurado por las audacias
lingüísticas, los ecos
disímiles, las sentencias
apocalípticas, el contrapunteo
cotidiano, el devenir incierto.
Solo hay que imaginarse al
artífice (tras prolongadas
pausas y sesiones de luna y
sol), al pie del cerro Tarbaca,
afinar sus artilugios, con
fervor remover y aderezar las
hierbas y pócimas encontradas en
los confines de la montaña (el
verbo riguroso, el sustantivo
preciso, uno que otro adjetivo)
y sin perder la calma, día a
día, noche a noche, como un
orfebre solitario, aunará los
diversos elementos y bocetos de
lo que será su mosaico fecundo.
Desenfadados brochazos van a
graficar la síntesis del friso
universal, como en una delirante
comedia. La simbología del caos,
la masificación, la soledad, los
vicios, van a ser permanentes
expresiones de esta aventura
intelectual y estética. De
repente intuimos que de ese
entresijo bulle la luz; es el
acto amatorio como un elemento
totalizador e impugnador. Como
dirá Calero: "La mujer es el
bastión humano para experimentar
que somos seres sensibles y
eróticos, y está el gozo para
seguir luchando por esa vida que
da y también reclama la mujer
que te acompaña".
Sus guías tutelares –como
estrellas luminosas– lo
acompañan en su itinerario, son
las figuras estelares de Carlos
Martínez Rivas, Pablo Antonio
Cuadra, José Coronel Urtecho,
solo para nombrar unos cuantos.
El aeda sueña y está con
nosotros. [AP]
AP En nuestros primeros
encuentros, se percibía en vos
gran influencia de los talleres
de poesía que Ernesto Cardenal
había popularizado en territorio
nicaragüense. Háblanos en
términos de vida y de creación.
CC Es lógico y razonable pensar
en ese planteamiento que manejás,
Alfonso. Es el dato que da fe de
lo que yo empecé a plantearme
como poeta novel y, hasta cierto
momento, en mis años de
autoexilio. Que, según algunos
poetas y amigos, esto es lo
mejor que me haya ocurrido en la
vida, pues consideran que mi
salida de Nicaragua, ese
desarraigo terrible,
estrictamente para mí, como
poeta, que parece no importarle
a nadie, me hizo revisar todo lo
que había escrito con la
tranquilidad y el tiempo
suficientes para podar,
desbrozar, sintetizar, retomar
los impulsos, hacer algunas
lecturas básicas e irme
complicando; con lo que quiero
decir, y lograr así un poco más
de conciencia de lo que debe ser
el ejercicio de escribir.
Lo que deseo es que esto no se
convierta en una pose mitómana,
en el sentido de que
autoexiliarse sea un elemento
que incida en el destino de
quien escriba; me refiero al
pretexto, hasta las últimas
consecuencias, de que en la
posibilidad de revertir la
experiencia humana y personal
que, en esa época, podría
denominarse "desarraigo", a fin
de cuentas no sea más que una
versión de la decisión
estrictamente personal y que uno
tiene que buscar la respuesta en
su propia actitud ante la vida;
pero también activa la emoción,
las ideas y la circunstancia de
verse metido a escritor, en mi
caso a poeta.
En cuanto a la figura y
personalidad de Ernesto
Cardenal, directamente ligada
con una concepción del discurso
poético de lo cotidiano, lo
confesional, lo épico y
sociológicamente comunicable
para involucrarse en la apología
ideológica de la revolución,
como discurso del compromiso y
la defensa del proyecto estético
que él se proponía, creíamos
verdaderamente que funcionaba,
por lo menos en el nivel de lo
partidario y militante; en mi
caso, en estrecho contacto con
las bases populares, de donde yo
provenía (el sector obrero).
Había que traducir, en poesía,
la reconquista y urgencia de que
los sectores populares ocuparan,
por primera vez, un espacio
vedado en el ejercicio de lo
estrictamente intelectual;
entendamos en tal sentido el
acceso a la escritura poética.
Eso era correcto, y a mí siento
que me sirvió en buena medida,
en determinado momento. Lo
curioso es que después de mí no
veo, y me lo han aseverado otros
poetas, ninguna otra voz poética
consolidada y salida de aquellos
talleres; no se vislumbran otros
escritores que hayan publicado
varios libros surgido de ese
proyecto. Algo pasó, algo
sucedió que colapsó la
experiencia.
Yo siento que no estuve casado
con ninguna fórmula. Aproveché
lo que me servía y nada más. En
el tono de mis poemas está
intrínseca la actitud antidogma,
algo de vocación iconoclasta; en
el fondo, había algo de
paradójico, que con el tiempo me
he dado cuenta que hay en mi
poesía: no me sentía bien
repitiendo fórmulas poéticas, si
es que las hubiera, que no me
funcionaban, debido quizás a ese
espíritu de transgresión y
aventura que mostraría
ulteriormente, y eso podría
incluso, definir lo que tal vez,
si persisto y tengo suerte,
llegue a ser mi propuesta
estética. Así parecen
demostrarlo mis primeros textos
publicados en los suplementos
literarios Nuevo Amanecer
Cultural y Ventana, de
Barricada, que, de alguna
manera, se alejaban de cierto
estilo de los talleres.
Voy a ser honesto: Ernesto
Cardenal siempre fue tolerante y
comprensivo, con lo que yo
hacía. Y no sé si en el fondo le
gustaba. Pero yo lo hacía. Esto,
siento, fue lo que me
caracterizó, pienso. Esto es lo
que debe validar, en sus
objetivos y mecánica productiva,
un taller donde se trabaja con
algo tan sorprendente como la
palabra. Doy la razón al poeta,
ensayista y novelista
nicaragüense Erick Aguirre
cuando afirma que yo mantuve
cierta visión de independencia
del discurso "tallerista"
incluso trabajando dentro de
este proyecto bajo la égida de
Ernesto Cardenal, que en ese
entonces era ministro de
Cultura.
En el libro Cornisas del asombro
incluyo el primer poema que se
publicó en pleno fervor de la
revolución: "En la laguna de
Masaya". Ya en su textura
interna se nota algo un poco
distinto de lo que hace Cardenal
con su poética. Pienso que la
construcción, la mecánica formal
y semántica de mis poemas, es
más experimental; y disfruto del
hecho de que la poesía es
fundamentalmente una especie de
juego de niños en que se salta
al vacío y se asciende con la
posibilidad de versar sobre el
entorno dual de lo externo e
interno, con imágenes y juegos
de palabras que me divierten, y
quizás también a quienes están
en su lectura frente a lo que
escribo.
En cierto momento, es cierto,
existió cierta polarización por
los estilos y espacios que han
existido en Nicaragua, quizá
posteriormente a la Vanguardia
con las vertientes europeas y
fundamentalmente la
estadounidense. Yo sentía eso en
los debates, porque se decía que
los talleres pretendían ser una
especie de facilismo. Yo
sobreviví a eso, no sé si por
talento o intuición de la misma
palabra y necesidad de ser yo
mismo. Cardenal tenía razón al
decir que los talleres
únicamente eran una especie de
alfabetización, después (y me
quedaba muy claro, pues varias
veces se lo pregunté) de que una
vez que el novel poeta
incorporara las normas básicas
por medio del exteriorismo cada
uno encontraría una manera
propia de decir las cosas.
Siento que en aquel momento
histórico, después de 1979, el
hecho de que la poesía en
Nicaragua ha estado vinculada al
poder político generó celos
ideológicos, al ver el "peligro"
de una masificación de lo que
por razones obvias estaba en
manos de ciertos sectores
"letrados". Esto no es tan fácil
de tolerar, me imagino.
Yo mantenía amistad con poetas
de otras tendencias y siento que
me respetaban, como yo a ellos.
La poesía no debe, ni puede
tener bandos ni prejuicios
estéticos. Sin embargo eso de
que somos demasiados egoístas
los poetas también jugó su
parte, en ese conflicto. Siento
que soy un poco alérgico a esas
costumbres. Yo no puedo pelearme
con nadie, ni me gustan las
cofradías de las malas
intenciones, las estrategias
invisibilizadoras pues siento
que me distraen, me perturban en
lo que yo creo y deseo como
poeta. Celebro al buen poeta,
disfruto leyéndolo y se lo digo
porque esto me hace crecer y
dimensionar la humildad a mi
manera. Pero también comprendo y
respeto las actitudes y gustos
de los otros. En algún caso he
propuesto la idea de la
publicación de otro poeta,
porque pienso que es bueno y
vale la pena que lo editen, en
vez de proponer un libro mío
para que lo publiquen; eso
sucedió en el caso de un gran
poeta de mi generación como
Santiago Molina.
AP ¿Hasta que punto puede
decirse que ese "movimiento
tallerista", concebido por el
poeta Cardenal, que caló con
profundidad en algunos ámbitos
de la poesía hispanoamericana,
no se convirtió en un mero
artificio populista. A veces la
defensa que hacían los "talleristas"
de los poetas/zapateros,
poetas/ebanistas,
poetas/carboneros, se aquietaba
en una jerigonza que nada tenía
que ver con la poesía.
Conversemos sobre esto y sus
consecuencias ulteriores.
CC Eso es lo que cuestionan, y
con cierta razón, muchos
escritores de Nicaragua, y
digamos del sector que, de
alguna manera, se ha vinculado
con la poesía escrita por
nicaragüenses. Interrogan sobre
dónde quedó el resultado de esa
experiencia. Sociológica y
políticamente la intención era
aceptable; y no sé si incluso se
convirtió como un gancho
publicitario para difundir el
populismo de la experiencia del
sandinismo de aquella época. Un
sandinismo muy diferente a lo
que se vive ahora. Pero esto es
otro asunto que no me interesa
abordar, aunque en mi discurso
político no lo evado, pues
pienso que en Nicaragua hace
falta que alguno o varios poetas
asuman parte de la crítica y
valoración de lo bueno o lo malo
que se hace. Así lo hemos
asumido en otras condiciones y
épocas de nuestra historia. Y
por qué no repetirlo ahora; ¿en
dónde está el pecado? No podemos
encerrar ni limitar la poesía, a
lo político ni a lo puramente
estético.
Resultaba cándido y conmovedor
ver a muchachos y muchachas con
una escolaridad incipiente
leyendo poemas escritos a la
manera de lo que se hacía en
muchos países de Latinoamérica,
en los años setentas y ochentas,
pues existen todavía poetas que
siguen escribiendo de esa forma,
muy conversacional, y
exteriorizan hasta la saciedad
la lengua coloquial con vocablos
muy propios de la cotidianidad.
Casi reproducen lo que ven y
sienten, como no sé si sea
posible que lo haga una
fotografía. Es cuestión de
talento; pues si se logran
poemas con calidad literaria
siguen siendo bienvenidos dichos
poemas. Pero, volviendo al
comienzo: era la temática de lo
épico; el discurso recursivo de
la defensa política e
ideológica, la intención
experimental de una propuesta
sociológica sin antagonismo de
clases, la participación masiva
en los intereses colectivos, la
amenaza latente de una
contrarrevolución, la fe en una
utopía tangible… en esto se
centraba buena parte del aliento
temático que se abordaba.
Creo que el talón de Aquiles
estuvo en politizar un proyecto
cultural: lo hicieron quienes
creíamos y los quienes no, en
los talleres de poesía. Cómo es
la vida, ya casi nadie ni se
acuerda de lo que se hizo y no
se hizo. Ahora es otro el
paradigma y el contexto
histórico-literario en
Nicaragua.
AP Al tiempo que te estableces
en Costa Rica, en las cercanías
de Aserrí, al pie del cerro
Tarbaca, adquieres una
conciencia lúcida acerca de la
poesía y el poder de la palabra.
¿Cómo observabas el movimiento
de la poesía en Nicaragua?
CC Duré algunos años sin
publicar un solo poema; fue una
especie de autosilencio; no
buscaba, adrede, el escenario en
suplementos ni en nada; y sabía
que esto era lo que debía hacer;
no apresurarme, no engolosinarme
con lo poco que había publicado
y creerme ya un auténtico poeta.
Yo voy aprendiendo, cada día
más, a respetar el oficio. De
vez en cuando me asomaba a
ciertos espacios de encuentros
literarios en San José, como
Andrómeda donde confluyen muchos
artistas amigos, Miércoles de
Poesía coordinado por el poeta
Adriano Corrales, el Centro
Cultural Español o la
Universidad, pero era algo
esporádico. Me volví, hasta
cierto punto, huraño; quizá
resultado de la sensación del
ser inmigrante. Sentí la falta
de los amigos, las voces del
paisaje, el aire, las calles, la
dinámica de una Nicaragua
impredecible que yo ya había
sospechado no iba por un rumbo
que me atrajera. Nunca me enfilé
en la contrarrevolución. Fui y
soy fiel en mi actitud y
reflexión. Así lo he sido y lo
seguiré siendo.
Cómo quisiera haber sido un
protagonista en esa dimensión,
pero yo tengo mi propio destino,
que de alguna manera desenvocará,
pienso yo, en algo bueno para mí
y lo que escribo. No solo la
distancia ha contribuido a
subyacer, escarbar, diseñar una
estrategia semántica y verbal,
sufrir el caos y tocar con la
conciencia el trágico
largometraje del descalabro
político y social de mi país.
Empecé a aproximarme a voces
poéticas de Nicaragua que ya
todos conocemos y resultaría
empalagoso mencionar. Retomé los
versos de poetas como Cavafis,
Huidobro, Whitman, Poe, Vicente
Aleixandre, Jorge Guillén, un
poco de Lezama Lima, Vallejo, y
muchos otros. Fue una especie de
alquimia textual y vivencial de
los poemas de estos grandes
poetas. Fui ensayando lo sacro y
lego, la paradoja de lo sinuoso
e inamovible, el quieto
resplandor de la oscuridad que
se hace luz; la magia y profecía
de la palabra simple que dice
algo y siempre nos deja con el
asombro de que fue casi
imposible decirlo todo. Y éste
es un oficio de lúdicos,
visionarios, orfebres que
asientan su vida en un espacio
tan etéreo como el lenguaje, en
función o revelación de los
estético.
Fui escribiendo, borrando,
celebrando en silencio, odiando
al alba, levantándome en horas
del amanecer en un rapto de fe
de que quizá valiera la pena
escribir algo que me había
sobrecogido y que debía
registrarlo, en ese instante,
como poema. Pero esto son
asuntos muy personales, lo que a
todos nos pasa. No hay nada
extraordinario en esto. Lo
interesante es que en este
espacio invisible uno se siente
vivo y, a lo mejor, hace posible
que otros también vivan.
En Nicaragua empecé a observar
que muchos poetas, sobre todo
los jóvenes, empezaron a
contradecir, sin contrariar,
porque esto no se logra cuando
no existe conciencia de lo que
se hace, el discurso retórico
que estaba muy apegado al
fenómeno de lo ideológico en el
sandinismo. Registré que había
un afán casi obsesivo, en
términos de entusiasmo, en
subvertir lo dicho y escrito
durante el periodo
revolucionario. Esto nunca lo he
visto mal; por el contrario, lo
celebro y me siento bien de que
así sea. El asunto es cómo
hacerlo dignificando y hasta
equilibrando la gran herencia
poética que siempre ha
caracterizado a los
nicaragüenses. El reto no será
nada fácil. Dadas las aristas
posmodernas del arte, todo
empezó a caber en poesía; desde
el vacío y la frustración de las
utopías, las drogas, la elección
de género y el absurdo de
sentirse vivo de manera sórdida
y delirante; pero poco he visto
que se critique lo que algunos
han denominado el advenimiento
de un desvirtuado sandinismo.
Prevalece el hedonismo y la
gracia de lo inclinado a surtir
efectos esteticistas con lo
doméstico y rutinario. También
he notado que se proclama cómo
dilucidar poéticamente el vacío
de la incomunicación en medio de
la avalancha tecnológica y
globalizada.
AP ¿Cómo sitúas la poesía que se
escribe en Costa Rica?
CC Igual que en Nicaragua y
Latinoamérica, primaban las
tendencias hacia una poesía
vivencial y el tratamiento de lo
cotidiano con un fuerte acento
exteriorista, junto con otra
manera de escribir poesía
trascendentalista que parece ha
dominado un poco más el
escenario, y que algunos achacan
a voluntades de edición y
promoción de este tipo de
poesía. Los vasos comunicantes
fluyen en nuestros países, dada
la maravilla de los medios
tecnológicos y cierta influencia
de las editoriales y revistas de
difusión cultural que permean
los gustos y aficiones por uno u
otro estilo de escribir poesía.
Sin duda que las cofradías y
grupos se moverán, según el
gusto que prevalezca como
identidad grupal y sobrevivencia
de una propuesta estética. Esto
ocurre y ocurrirá en todos los
países. El asunto se simplifica
cuando no hay talento ni visión
por parte de alguno de los
grupos; sino que se dedican al
diletantismo y ataques de
jaurías, cosa que distrae y solo
sirve para alimentar la
chismografía. El asunto
trasciende cuando hay verdaderos
poetas que, por lo general, se
apartan de estas guerras de
guerrillas literarias, que
muchas veces no conducen a nada.
AP Llama la atención que en tu
poesía pueda registrarse la
dualidad tico/nica. El paisaje
nicaragüense y sus rituales
(lagos, volcanes, aldeas) con el
cono urbano, el argot y los
matices del paisaje
costarricense.
CC Todo forma parte del magma,
de la sustancia, el bosquejo,
una especie de friso, en que se
conjugan la tradición, las
creencias, los ritos enclavados
en la memoria de lo atávico, del
germen ritual de lo que
suponemos identidad y búsquedas
en la dinámica de la existencia
y la lucha del ser que se debate
entre el pasado, el presente y
lo que está por venir en un
mundo cada vez más fragmentario,
dado a la vacuidad y la
deshumanización. Entonces, al
poeta no le resulta gratuito,
como en mi caso, registrar todo
ese barullo de elementos que
cobran vida y trascienden con el
tratamiento poético. La
paisajística de lo
costarricense, los imaginarios
de ambos países coexisten, se
cruzan, se dan la mano y me
permiten amalgamar el
sentimiento de dos patrias, sin
que una niegue a la otra, y en
que una complementa a la otra.
La pluriculturalidad es el
germen de nuestro tiempo. El
habla, la lengua, su dinámica
semántica y civil, sus
tragicomedias y abismos
existenciales de las ciudades
nicas-ticas están siempre
presentes en mi poesía. Para mí
son identidades de una misma
moneda con las que pago el
derecho a existir
literariamente, y en un mundo en
que fluctúo sin perder el
sentido de una lucha constante,
que encuentra aquí lo que allá
me hace falta; y traslado de
allá lo que aquí no tengo: me
refiero a la herencia literaria
y al memorial de las costumbres.
AP Si retrocedemos la cinta de
la memoria, percibimos que a
otros poetas nicaragüenses les
ha sucedido algo similar. La
larga estancia en San José de
Carlos Martínez Rivas; las
frecuentes visitas y
permanencias de Pablo Antonio
Cuadra; el exilio voluntario de
Álvaro Urtecho; la
"invisibilidad" de Francisco
Valle, entre otros. Es una
especie de ósmosis poética.
CC Sin duda que Costa Rica es un
punto de paso, traslado,
trasiego de la poesía
nicaragüense. Es que
históricamente hemos estado
amalgamados; nos une lo
económico y político, lo
cultural; sobre todo en la zona
del norte de Guanacaste, donde
el folklore y ciertas formas de
reproducir la vida, muy
similares a la nicaragüense, han
emigrado a la meseta central en
sus canciones, vestuarios, como
en la música, y otros elementos
de la cultura costarricense.
Sería importante realizar una
investigación literaria de
cuánto y cómo ha influido la
poesía nicaragüense en la de
Costa Rica; cómo, efectivamente,
se ha dado esa amalgama, si la
hubiera, entre lo poético y la
relación sociocultural con la
estadía, en este país, de poetas
como Carlos Martínez Rivas,
Coronel Urtecho, Pablo Antonio
Cuadra, Manolo Cuadra, Álvaro
Urtecho, Francisco Valle,
Francisco y Mario Santos, el
mismo Rubén Darío. Me imagino
que la convivencia entre poetas
de Costa Rica y Nicaragua, es un
elemento catalizador que de
alguna manera beneficia a la
poética costarricense.
AP No podemos pasar por alto
sobre todo al poeta de la
frontera José Coronel Urtecho.
Es el mayor paradigma de lo que
estamos conversando. Desde los
confines del río San Juan
ejercía un apasionado "discurso"
poético.
CC Sin duda, el magisterio
literario del maestro José
Coronel Urtecho es un punto de
referencia en los afanes de la
vanguardia centroamericana. Es
el segundo aire para la poesía
de Nicaragua y Centroamérica.
Contribuye a meter el mundo a la
casa de estos países, va a lo
nacional, lo atávico con un
acento universal; prodiga un
lenguaje que entraña la vida de
lo cotidiano y las costumbres;
un lenguaje que derivará con
Carlos Martínez Rivas, Mejía
Sánchez y concretamente en
Cardenal con lo histórico y
político, que mediará, de alguna
manera, para enfrentar poética y
políticamente a la dictadura de
Somoza, y que otros poetas
latinoamericanos ya estaban
asumiendo, políticamente, a la
sombra de Nicanor Parra, sólo
para mencionar a éste gran poeta
sudamericano.
AP El mosaico poético,
configurado por tus poemarios La
costumbre del reflejo (2006),
Paradojas de la mandíbula (2007)
Arquitecturas de la sospecha
(2008), da la impresión de que
tuvo una prolongada
experimentación y maduración. La
palabra está cimentada como una
red de osadías lingüísticas,
imágenes yuxtapuestas, parábolas
apocalípticas. Todo bajo la
firme tutela de la "prosa
poética"; la palabra manejada
con destreza, aunque el lector
sienta un terremoto en la
contradanza de las vocales.
CC No sé si, con estos libros,
de manera consciente, me planteé
que debía amalgamar un gran
retablo, una visión integradora
del caos, y de la supuesta
sospecha existencial y política
que me ha tocado vivir y que
está viva y doliente; pues los
elementos del vacío han tomado
terreno, la sordidez y la falta
de conjunción de lo colectivo ha
golpeado las voluntades y el
corazón de quienes, de alguna
manera, han sido o fueron
solidarios con un planeta y un
ser que necesita respuestas
efectivas que lo hagan feliz; un
ser humano dueño de su entorno,
su asombro, y la esperanza
reeditada en cada acto
compartido con el que te
acompaña, el que te exige, el
que está con vos o no lo está
pero te complementa como ser
integrado a la mecánica de la
vida organizada para devolver
una idea de que somos personas.
Hay razón y sentido en lo que
estás planteando. Yo sospeché
que debía trascender, esforzarme
como poeta, por asumir una
sospechosa manera de decir las
cosas en poesía. Sospechosa,
digo, porque cuando el lector te
lee, te profundiza, te atisba,
complementa lo que has escrito y
entonces tiene sentido y valor
literario; por supuesto, esto no
depende sólo del lector sino que
de antemano el poeta debe tener
el olfato y la osadía de
proponer otras maneras novedosas
de comunicar su mundo. Yo he
preferido la prosa poética, lo
que llamó Ernesto Mejía Sánchez
el prosema, porque me resulta
adecuado para graficar, de
alguna manera, la idea de mural,
de friso, de pared universal en
que el horror, la soledad, el
silencio, la culpa, los vicios,
la corrupción, los subterfugios,
la mentira y las hazañas se
amalgamen en un entresijo o
yuxtaposición de elementos para
que se despeje un poco la
urdimbre arquitectónica de cómo
nos someten a experiencias nada
gratificantes los pésimos
administradores de la vida
colectiva, del destino económico
y político; así como los estilos
de vida y la automasificación
fragmentaria. Cada día somos la
parte menor, de una totalidad
que no agrega, sino deja a los
seres humanos más vulnerables y
expuestos a la gran muerte y
soledad que se codean con la
indiferencia y frivolidad por el
cosismo consumista en las
sociedades actuales. Que el
lector interprete, a su manera,
lo mucho o poco que pueda
elucubrar en los poemas; su
lectura complementará mi
intención decodificadora del
enigma y los símbolos que, de
alguna manera, revelan la
profundidad de una poesía viva,
cuestionadora, preocupada por el
ser y la nada; por la esperanza,
en contrapunto con el desencanto
y que, por otra parte, punza en
la ternura y capacidad de amar,
pues para mí el universo está
basado en un infinito reto de
amor.
AP Carlos, como contraparte de
tu perspectiva cataclísmica, en
tu poesía hay un encuentro con
lo amatorio. Es una recurrencia
a lo largo de los tres
poemarios: "Salí a tocar los
pezones con la prehistoria de
las caricias"; "Nos desnuda la
ofídica amada con mordida y
locura en los ojos"; "Te quiero
desnuda y plena, te quiero en
mis ojos y lo que no está en la
carne". ¿Se podría hablar de
símbolos eróticos como búsqueda
de conocimiento y placer?
CC La mujer deja de ser símbolo
y se integra a la visión
fragmentaria, pero como razón y
sentido de lo vivo; en la
imbricación de las ideas es un
elemento integrador de lo
solidario, del gozo que buscamos
los seres humanos, pues creo que
cuanto más estamos en crisis
mucho más no aferramos al acto
amatorio. La mujer es el bastión
humano para experimentar que
somos seres sensibles y
eróticos, y está el gozo para
seguir luchando por esa vida que
da y también reclama la mujer
que te acompaña. En las
cosmovisiones, de todos los
pueblos, creo, la mujer es la
fuente nutricia y fecundadora.
El recurso sexual para generar
la idea de que la vida es
esencia y origen de lo renovado.
En nuestras sociedades
patriarcales, creo que los
hombres, queda claro, que hemos
fallado como administradores del
destino humano, y en esto la
mujeres son muy claras; por eso
celebro y respeto a la mujer, y
propongo en mi poesía que las
amemos en cada acto de la vida,
que implica compartir la
eroticidad de los deseos por
sobrevivir en libertad y
acompañándonos.
AP Muchos poetas circulan por
los parajes del erotismo,
algunos con mayor sutileza.
¿Hasta qué intersección los
temas eróticos han liberado
conciencia e imaginación del
lector. En última instancia, en
este caso, lo que interesa no es
el poeta, sino la comunicación
entre el poema erótico y el
posible lector.
CC Hay una suerte de complicidad
entre lo que propone el poeta y
el lector; la relación con lo
erótico estimula la experiencia
de los sentidos. Es una manera
de volver los ojos a lo humano,
porque causa placer luchar por
la vida; y esto nos debe
preocupar, pues cada día nos
estamos volviendo más
insensibles. Nuestra capacidad
sensorial se fragmenta, se
diluye en la idea de poseer
cosas, acumular patrimonios; no
sensibilizar las relaciones
humanas. El poeta, sin
proponérselo, activa su propia
conciencia y la del posible
lector. El sensor de la razón y
la afectividad se activa en cada
acto de reflexión, en toda
experiencia comunicativa, en las
conexiones con el paisaje, el
aire, el fuego, la tierra. Y la
mujer sintetiza, por razones de
la ficción literaria, este
ejercicio de la experiencia
poética.
AP Pueden bucearse en tu poesía
ciertos rasgos de humor negro.
Manejás con acierto la
intertextualidad, el humor, el
erotismo y la cotidianidad. Es
un cóctel denso. Vas hasta las
últimas consecuencias y llevas
al lector contra las cuerdas. Es
un modo de propinarle un Knock
out, apoderarse del lector
anónimo y no ser complaciente.
CC Bueno, esto es lo que uno
concluye como valor agregado del
texto. Propongo una experiencia
individual, una forma o
arquitectura del lenguaje;
construyo el verso con una
intención totalizadora, pero
procuro que golpee la conciencia
y las actitudes sin caer en
moralismos trasnochados. Estoy,
igual que todos, vivo, abro el
ojo y sintetizo los elementos
que podrían ser comunes para un
lector de poesía; pero no lo
hago de manera pensada, sino que
son impulsos vitales de mi afán
por contribuir, si es que se
pudiera, a compartir una
experiencia literaria que pueda
interesar o mover a la
reflexión; al reposo de la
conciencia pero con el caldo de
la crítica y la reflexión de
manera permanente. Trato de
humanizar cada elemento disímil,
cada elemento congruente, cada
atisbo que me permita transitar
del lenguaje al proceso como se
produce la dinámica de la vida.
A veces siento que urge
conmover, punzar, sobrepujar,
demandar, denunciar, asumir las
contradicciones humanas; todo lo
que nos está llevando a un caos
total. Pero no dejo de lado que
la poesía es, en esencia, una
experiencia con el lenguaje, y
como tal lo estrujo, lo estiro y
alargo para tensionar la
expresión hasta donde sea
posible; pero sin faltarle el
respeto al lector. La semántica
de cada poema debe sobrepasar la
intención de todo poema.
AP Hace unas semanas estuvimos
en la bella ciudad de Granada en
el V festival de la poesía.
Mientras unos poetas africanos y
del medio oriente (en algún bar
de la Calzada) saboreaban el
ceviche agridulce, acompañado de
una cerveza Toña; varios poetas
y amigos conversábamos sobre la
nostalgia revolucionaria. El
proceso truncado, birlado… Y es
qué en esas maravillosas tierras
la nostalgia está presente en
los niños que inhalan pegamento
por las orillas del lago, en los
ojos atormentados de las madres,
en el dolor de los ancianos, en
contraposición con los
encumbrados del poder y la
entronización de la mentira.
¿Carlos, de qué modo tu
escritura esta impregnada de
nostalgia?
CC Como digo en uno de mis
poemas, Teorema de la nostalgia:
"Para no arriesgar el espíritu y
la nostalgia hay que meterles un
poco más de nostalgia", porque
resulta que esta sensación de
poner los ojos en el pasado y
retornar con la conciencia
lúcida de que hay algo que nos
perturba, nos deja en
desasosiego, nos produce una
roncha en la saboración de lo
posible, hace que de alguna
manera nos aferremos a lo que es
posible en el presente, a
cuestionarnos y develarnos, a no
dejar nada amañado, mediante
subterfugios, como bien saben
hacer los políticos avenidos a
dirigir las colectividades. En
Nicaragua las cosas no andan
bien, y esto es tema de la gran
mayoría de escritores que
deseamos y, de alguna manera,
hemos colaborado a la propuesta
de una sociedad más tolerante e
inclusiva, que no cree abismos
irreconciliables, que haya
espacios para abrir los oídos a
otras formas de ver la realidad.
Una buena parte de los
nicaragüenses sienten que esto
no está ocurriendo. Las
tentaciones han podido más que
la voluntad, que el ideario
genuino para construir una
sociedad amplia y diversificada.
A veces, pienso, por la conducta
social de algunos sectores de
cualquiera de los bandos que han
estado en el poder, que
conculcan el derecho a ser
escuchados e incluidos.
Nicaragua ha sido jalonada,
arriesgada, dilapidada; no se la
ve como un proyecto de sociedad
competitiva, generadora de
riqueza cultural, material y
espiritual, sino que se han
dedicado a empujar a la sociedad
al odio y defensa mitómana de
los cacicazgos. No hay amor por
Nicaragua. Es importante
detectar qué función o
responsabilidad asumen los
escritores y poetas en esta
dinámica que tiende, cada vez
más, al anquilosamiento.
AP Al recorrer la geografía de
Granada, con sus lagos, volcanes
y leyendas y sus mitos, me
remito a tu obra plástica. Me
comentaste que quieres volver a
pintar. Hace varios años que no
ejerces la pintura. Recuerdo tus
óleos primitivos, el color
tropical, la exuberancia de la
composición, la lectura que
puede hacerse del mito de la
Llorona, El Macho Ratón, El
punche de oro, entre otros.
¿Será interesante saber cual es
el diálogo que mantienes con la
poesía y la pintura?
CC Yo era primitivista, y eso me
permitía adentrarme en lo que
vos me recordás. El acto
pictórico te traslada de manera
visual, en perspectiva, al
monumento cotidiano de lo
observado, ya sea en la
comunidad, el paisaje, los
íconos de lo sobrenatural, las
apariciones, el imaginario
popular con sus mitos y
leyendas. Esto, de alguna
manera, también aparece en mis
poemas. Trato de zambullirme en
la psicología del nicaragüense,
o buena parte de éste, para
develar las posibles
significaciones textuales de los
carnavales, los hechizos, el
agua, lo telúrico, las
costumbres, como parte de una
experiencia universal, pues no
estamos aislados de los impulsos
y avances tecnológicos. Esto es
así. Ahora un monimboseño
comparte una pantalla, abre un
archivo y ya está en conexión
con la cultura japonesa,
europea, de ahora o del pasado,
por decirte algo; y esto permea
su cosmovisión, su lectura del
mundo en contraposición con lo
que fue, es y será el suyo. Todo
esto es una parte muy
importante, una faceta de
identidad progresiva en mis
poemas. Como en el poema, todo
está cambiando. Y, como
respuesta a tu pregunta, muy
certera, debo decirte que el
ejercicio de la pintura es una
deuda que tengo conmigo mismo.
Alfonso
Peña (Costa Rica, 1950).
Narrador, ensayista y editor.
Autor de libros como Noches de
celofán (1996), La novena
generación (1991), y Labios
pintados de azul (2004).
Actualmente dirige las Ediciones
Andrómeda y la revista Matérika
(
www.materika.com
). Entrevista realizada em
fevereiro de 2006.
andromeda@amnet.co.cr
http://www.revista.agulha.nom.br
http://www.revista.agulha.nom.br/ag69calero.htm
Gentileza:: Floriano Martins
[floriano.agulha@gmail.com]
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