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Inéditos
Los poemas de mara / |
Exteriores El portafolio caníbal La corneta argentina |
Arte Tandil se mueve
Bahía Blanca fue
Blanco horizonte
El conejo / Martín Rodriguez La curva del eco / |
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VOX virtual Nº 9.
Marzo 2002 - Bahía Blanca, Buenos Aires, Argentina.
Editores: Sergio Raimondi - Marcelo Díaz - Gustavo López - Sebastián Morfes. Diseño de portada: Christian Díaz. Email: voxvirtual@yahoo.com.ar. Números anteriores: www.revistavox.org.ar suscripción gratuita: voxvirtual-alta@eListas.net |
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Inéditos Cielorraso y compañía De El Padre del Suenio
(segunda parte de Conurbano Sur) De Cielorraso y Compañía VII 3. Ariel Williams naciò en Trelew el 14 de marzo de 1967. Es licenciado en letras, egresado de la U.B.A, y trabaja de docente secundario y universitario en la Universidad Nacional de la Patagonia. Tiene un solo libro editado, Viaje al anverso. Su segundo libro, Conurbano Sur, será publicado en breve por Revuelto Magallanes. Vive en Puerto Madryn y es integrante del grupo literario "Verbo Copihue". [Índice] [Principio del poema] Lenguayo / Mario Ortiz En último tercio del siglo XIX surgieron diversos intentos de formulación de un lenguaje artificial que pudiese ser hablado en todo el mundo, una aventura que hubiese dado buen tema para algún cuento de Borges. Los más conocidos de esos lenguajes son el volapuk, y el que alcanzó una mayor difusión, el esperanto, al punto tal de que para 1950 había asociaciones de esperantistas instaladas en casi todos los países. Las intenciones últimas de semejante empresa habría que rastrearlas, posiblemente más que en un intento filantrópico de comunicación global "before Babel", en la fase expansiva colonialista del capitalismo europeo: se sabe que todo imperialismo político requiere y conlleva un imperialismo lingüístico, y así lo entendió Nebrija cuando en 1492 ofrece a los Reyes Católicos la primer gramática castellana, y primera también de una lengua europea moderna. (Casi cinco siglos después el Generalísimo Francisco Franco Bahamonde y Salgado prohibe el uso del catalán) Pero el esfuerzo de los esperantistas fue inútil, fundamentalmente porque la lengua universal ya existe desde hace rato - el inglés, obviamente, o el americano para ser más concretos - , impuesta por el mayor imperio de la historia de la humanidad: la Lengua Uno del Pensamiento Uno que expresa los principios vencedores de la democracia mercadotécnica. Se sabe que el esperanto era una especie
gran batido lingüístico en el que se mezclaban proporciones más o menos
iguales de raíces y flexiones gramaticales de las principales lenguas
europeas. Y una buena parte de los textos de Williams están escritos en
una especie de seudo esperanto con una fuerte base argentina, de ese lenguaje
argentino que escribía el personaje semianalfabeto de César Bruto. “Don´t
lívida ma cuerpalma” El inglés “don´t” junto a al posesivo francés “ma”,
un adjetivo castellano, y una palabra compuesta o conglomerado de sustantivos
“cuerpo/alma” que produce un destello al unir los dos términos que tradicionalmente
Occidente consideró antagónicos. Podríamos seguir con la lista, y en el poema VII encontramos “dentro lo yuyo” (con “s” elidida propia del habla coloquial); un verso más arriba “nun moscatto” verosímilmente italianizante, y algunos versos más abajo “yo no quisí”, alteración propia del habla infantil que no reconoce los verbos irregulares. Por si faltaba algo, en el poema VI del libro “Cielorraso y Compañía” encontramos “juntad” y “encontraréis”. Desde un punto de vista ideológico quizá podría pensarse que Williams apela a un terrorismo lingüístico que pone en crisis la pretendida universalidad de una Lengua Uno, y lo hace por vía de la parodia con un esperanto trucho. Pero en realidad hay otra lectura que también me gusta hacer, y es la de que Williams está haciendo una de las cosas más altas que puede hacer un poeta, y es la de inventarse un lenguaje propio, intransferible e irreductible, a su vez, a toda lectura ideológica. En tal sentido, aunque los poemas de “Un viajero” pertenecientes a su libro “Lomasombra” no están escritos en este lenguaje propio, sin embargo de algún modo lo está tematizando allí donde hay “un graffiti en el fondo de una lata / que dice ‘lenguayo’” (poema 6) donde el lenguaje se vuelve carne del espíritu santo y puede caminar sobre el limo con pies de sílaba. [Índice] [Principio del comentario] Tatuada para siempre El gran baile Estoy en Comodor, sola, por comer, escuchando música, escuchando musas. La pista está llena, todos bailan y en las mesas todos comen pollo. Menú Pusieron una musa morochita arriba del parlante que baila suavemente. Gasas... es una odalisca que estudió en alguna academia de danzas. Se nota, no se mueve con naturalidad y está un poco desorientada con la música porque es un poco cortada. Me trajeron la cervecita. Medio litrito para mí solita. La odalisca baja, se droga y vuelve al parlante. Hoy por la mañana mientras compraba productos en el barrio del once un vendedor me ofreció papel glasé metalizado y me pareció precioso, un paquete compacto de brillos espejados. El muchacho me comentó que servía para la falopa. “¡Se vende muy bien!”, agregó la dueña del local entusiasmada. “Ah... sí... la próxima vez lo compro”, le dije. La odalisca ya no sabe lo que hace, pasó de las danzas árabes a mover los brazos en lo alto balanceándolos de derecha a izquierda, y de izquierda a derecha. Agacharse, tomarse de las rodillas (siguiendo la onda de vaivén) mostrando la bombacha blanca. Un chico se le acerca y le pone plata en el taco, pero como ella ni lo ve, se le cae al piso. El chico levanta la plata y se la lleva. Música soul para el alma, música expresiva y sensual que conecta a la gente. Entra una parejita de muchachos con remeras negras de Iron Maiden, pelo largo con rulitos y van directo a la pista. El más alto le saca la campera de cuero a su amigo y bailan muy cerca seduciéndose. Charlan un poco y ríen bastante. Se miran constantemente, se deslizan detrás de una pared girando en un abrazo de boxeadores y los pierdo de vista. Pasan cinco minutos y no veo nada interesante. Medio litro en un vaso de plástico no es nada. ¡Qué increíble! Sin maníes me pega más y más... Pienso un ratito en María Moreno, después en L. Y después me saca de mis pensamientos altamente sensuales una música muy mística de tambores y guitarras distorsionadas. Detengo mi mirada en la odalisca y está tirada sobre el parlante fumando un cigarro, un pucho como diría Cecilia. Pienso en Cecilia, pienso en la playa, en Brasil, en la gente maravillosa de ese país tan caluroso, sofocante. Me sumerjo en recuerdos muy vistosos: mucho rojo, marrón, verde, amarillo, rosa y blanco. Esmeraldas, lentejuelas, azulejos, máscaras africanas. Veo una playa que se acerca. Haciendo foco distingo gente al sol, microbikinis y zungas de lycra de variados colores. Los veo moverse al ritmo de la música de Comodor, recuerdos musicalizados por dj Amor. En el primer sorbo de cerveza pensé que era demasiado una cerveza de cuatro pesos y ahora que me queda apenas un tercio de vasito, me parece tan poca, tan poquitita, un sorbito. La música de tambores continúa. En la pista la gente está en cuatro patos. Un chico y una chica cogen como si nada, nadie los mira y a mí me parece increíble. Veo estupefacta como él le mete la pija y se la saca (con preservativo). Los demás hacen la posición del gato y ahora están todos en ronda gateando. Encorvan sus espaldas y las arquean intentando tocar con el ombligo el piso, avanzan dos pasos y vuelven a encorvarse. Luego giran y avanzan en sentido contrario. Giran majestuosos y se dirigen hacia el centro. Allí se toman de las manos y quedan arrodillados, levantan las manos bruscamente. Se elongan y vuelven a bajar. Las levantan nuevamente y se tiran hacia atrás. Ahora acostados giran sobre el piso con los pies apuntados hacia el centro, haciéndose cosquillitas. La escena es preciosa. Por la puerta que conduce a la pista entran cinco hombres-gato siamés que bailan un minué espectacular. ¡Qué felicidad! La odalisca ni mira, se recostó sobre el parlante dejando caer su cabeza por el costado y ahora comenzó a babearse. La bola disco está girando y la música se hizo playera, una buena mezcla de Marley con the Ventures. Los danzarines se incorporan rápidamente y bailan como si fuera una tarantela, giran y aplauden, cambian de pareja, se besan y vuelven a cambiar. La parejita que cogía ya acabó y el muchacho se acerca a tirar el preservativo anudado en el cenicero alto que está contra la pared del restaurante. Los comensales se besan en la boca pasándose arvejas con la lengua. En todas las mesas hay parejas de enamorados que se dan de comer grandes pedazos de pollo y trocitos de panceta que toman con sus dedos. Canta una musa con su guitarra acompañada por un coro de niños. En mi mesa no hay nadie. En mi mesa estoy yo con un fondito de cerveza, con este cuaderno, un paquete de cigarrillos, una tarjeta de invitación a una cena gratis, cuatro tenedores (tres sin uso), cuatro servilletas (dos sin uso), un cenicero, una velita que titila alegremente, mi mochila en una de las cuatro sillas (en otra me encuentro yo) y recientemente me acompaña una picadita compuesta por una crema blanca coronando a cinco o seis tostadas con petalitos encima. Mi silla es un sillón Un joven apuesto está sentado en una mesa cercana a la mía y a pesar de que está solo a mí no me atrae, aparte pareciera que esperara a alguien, ¿una chica quizá? Sí, evidentemente espera a la odalisca, pero ella me parece que no tiene muchas ganas de cenar. Le trajeron una almohada y se acomodó en el parlante. Le trajeron otro parlante para que pueda acostarse y puso un cartel: “No molestar por favor”. ¿Qué pasa con mi pollo que no llega? Me fumé tres Pavón, “Cecilia, Cecilia, Cecilia”. Veo aparecer por detrás de la pared al tecladista de Adicta ex San Martín Vampire. Rubio, bailando con los ojos cerrados, de la mano con cuatro chicas. Las chicas lo tocan y yo también, con la mirada. Con mis ojazos entrecerrados disparo dos manos largas, muy largas, que lo acarician suavemente, sobre todo en el pelo que es lo que más me gusta de él. Las otras cuatro lo empujan hacia la pared de donde habían salido y yo con mis manos largas intento retenerlo. Entrecierro más los ojos para ver si tengo más brazo adentro, pero no, no logro llegar a él y pierdo contacto. Ahora subió a las bateas dj Rogelio, un dj traído especialmente desde Caracas y con Rogelio llegó mi pollo. Cuarto de pollo, pechuga con pata. Está tan tierno que no necesito usar cuchillo, se deshace apenas lo pincho, es casi una crema. Del pollo me tocó la parte que trae el huesito de la buena suerte, lo limpio bien con la servilleta y con el cuchillo lo raspo un poco. Como no tengo con quién tirarlo me engancho una de las extremidades del huesito con la zapatilla y yo agarro de la otra. Mis tres deseos son: divertirme sola o acompañada, divertirme y sentirme linda, y divertirme en general. Los de la zapatilla son: divertirse conmigo (tres veces). La zapatilla presiona el hueso contra el piso y yo tiro con fuerza en sentido contrario. Levanto mi mano, abro los ojos y me quedo un rato contemplando el misterio de la fortuna. Veo aparecer en la herida del hueso (que se sacrificó por mi buena suerte) otra época. Un jardín lleno de estrellas verdes que forman claramente el ascendente de mi signo del zodíaco, dos anillos con forma de corazón entrelazados sosteniendo a una pálida rosa y a un rollito de papel que dice: “augurio del amor afortunado, cortés y coqueto”. La prueba del borrachoEn el baño todo es limpio. La canastita de la empleada está llena de monedas y billetes de dos pesos. La señora ha cortado papel y toallitas y con ellas ha hecho fabulosos origamis. A todos nos dan ganas de poner plata y yo pongo, poseída por la visión de la pulcritud, todas las monedas que traje, un peso con ochenta y cinco centavos (más o menos). La prueba del borracho: ir al baño. Prueba resumida: fui, saludé a los cocineros con la mano y un hola. Me besé con una chica creyendo que la conocía, me besé con otras creyendo que me conocían, y con otra en la boca porque me confundí. No cerré la puerta del toilette. Se me cayó el origami al inodoro antes de secarme y se me mojó un poquito el pantalón. Pasé por delante de la mesa donde comían los mozos, y a pesar de que me sentía levemente inclinada hacia la derecha pude coordinar todos los movimientos: las piernas que caminaban con las manos que saludaban y mi boca que decía “hola, la estoy pasando muy bien”. Saludaron todos casi a la vez y yo seguí. Atravesé la pista imperceptiblemente rozando la pared con mi mano. Vi la silla, me senté. No vi mi pollo y me di cuenta que era la mesa del hombre solo, que seguramente había ido al baño también. Me levanté rígida y vi mi silla y sentándome con distinción me desplomé sobre el respaldo. No se si aprobé la prueba, pero al menos la completé. Beso a mi cuaderno que fielmente me esperó abierto. Miro a los cigarrillos y pienso en el postre . “Los cigarrillos después” me digo.
Un pucho sin cerveza va a ser demaciado seco. ¿Y si le pido al mozo un poquito más de cerveza para acompañar al cigarrillo? Me acerco a la barra:
El mozo no me responde y me da medio vaso de cerveza tirada. ¡Perfecto! Me siento, enciendo el cuarto y último tabaco y pienso “Cada ser humano es una posibilidad de hacerse un amigo, un novio o novia, un colega”. El dueño del bar-restaurante-discoteque Me parece que el dueño del bar es el que va de mesa en mesa, con su trago rojo con pajita, charlando y palmeando en la espalda a los muchachos, saludando desde lejos con la mano como diciendo pare. Morocho, robusto, de patillas crecidas, camisa y pantalón negro. Sí, es él. Habla en señas con los mozos, gesticula, está atento a todo. ¿Será él el que me dio esta tarjeta de invitación para cenar gratis? Quizá me reconozca y venga a saludarme también. Casi. Pasa a pocos centímetros de mi mesa, me mira, lo miro y sigue de largo hacia la barra. De repente me empieza a correr un escalofrío por todo el cuerpo. No puedo frenar el temblor de mis heladas manos que intentan tomar la tarjeta . Al lograrlo veo que la tarjeta cena-gratis dice claramente agosto y hoy es 24 de septiembre. Pienso en la escena que hace breves instantes viví: el dueño del bar no me reconoce. Pienso “tarjeta vencida, dueño de bar que no me conoce”. ¿De dónde saqué esta invitación? Comienzo a mirar para todos lados a ver si reconozco a alguien que me la podría haber llegado a dar hace un mes. Quizás algún sub dueño o un relaciones públicas. Descarto a todos, uno por uno hasta que recuerdo: la odalisca dormida y drogada que está arriba del parlante. Sí, cuando fue la pasada de música de Agencia de Viajes, me acuerdo que una chica se me acercó mientras yo bailaba con mi grupo de amigos y me susurró en el oído un zumbido, algo así cómo “vení”. Yo fui detrás de ella a una salita muy pequeña dónde había un proyector de diapositivas con una diapo fija hecha de radiografía celeste quemada y pintada a pincel gestual. Celeste el fondo (la radiografía), marrón (lo quemado), naranja y violeta (las pinceladas). La odalisca, que esa noche no estaba vestida como tal, volvió a susurrarme algo así como “Podemos charlar si querés” y yo le dije “¿De qué?”. No insistió más. Sacó una tarjeta del bolsillo de su campera, garabateó detrás CENA-GRATIS e hizo una firma que no especificaba nada. Nos despedimos y yo me fui a bailar con mis amigos guardando la tarjeta en mi jean. Miro la tarjeta y sí, CENA-GRATIS y un mamarracho que no especifica nada. Fernanda Laguna: es poeta y plástica: Nació en 1974. [Índice] [Orilla de la laguna] ¡Vaga beduino! Como hija del sol Aquel lugar que olía a tierra Se escucha pie de guerra Quiero guardarte en una cajita Ojos de miel y tierra De fondo dulce empalagoso Disimulado furia y Escape Alcohol mucho alcohol Para continuar con las costumbres Has construido tu casa Aun así ¡Vaga beduino! Algo rozó mi sueño. Debe de ser
la lluvia Como las dos estrellas Un alarido de vela Parto de aquí Hay muchas luces Mara Rosenfeld nació en Capital Federal en 1978. Vivió durante largas temporadas en Israel. Tiene muchos poemas inéditos. [Índice] [Principio del poema] Los poemas de Mara / Roberta Iannamico Bueno, lo que yo veo de los poemas de Mara es que son muy suaves, muy seductores, románticos. Algunos son como suspiros. Hablan del amor, del placer y del dolor del amor. Y también de la soledad, vivida de un modo luminoso o melancólico, suave, placentero, lujoso, como una reina o una enamorada. Esa suavidad seductora embellece a la tristeza y a la alegría la vuelve luz, ceremonia. De repente todo se oscurece, dos caminos mentirosos, infinitas puertas, caminos oscuros y caminos blancos. Pero hay dos dioses que vigilan. Dioses enamorados. Brillantes, nocturnos, inocentes. Dos estrellas que alumbran el camino del amor, que salva, aunque no todas sean rosas. La suavidad del amor : una sombra que roza un sueño. La tristeza del amor, la tristeza máxima: “ya soy triste y sin acción, una marioneta”. El que empieza diciendo “Se enreda con sal...” es perfecto. Es el poema de un momento mágico de amor, de deseo, de seducción. El juego del amor, la ceremonia del amor, sufrir de amor feliz: “se esconde y brilla”, “lagrimea con el roce y roba sonrisas”. Es fuerte ese poema callejero (camino para atrás) con suspiro, algo oscuro, miedo, un hombre, bajada de ojos: seducción. El poema de la maraquita me encanta. Tiene mucha gracia, mucha picardía. También la pasión del amor, casi de película: oriente, peligro, pasiones y odios, furia, escape, alcohol mucho alcohol, miel y tierra, ojos, hombre, animal, bello amante, beso. En el medio de la guerra, del desastre, los dos dioses propician el milagro: suspirar y amar, esconderse para amar. Partir es partirse, dejar una parte en el otro, un parto. Me gusta cuando dice “dos, sobre un mar celeste.” [Índice][Principio del comentario] Reseñas Desde la granja / Santiago Llach El conejo
/ Martín Rodriguez, Hay una frase que escribió hace unos años Francisco Madariaga: “yo grabé el orden bárbaro”. Lo que hacen las palabras, en efecto, es configurar una relación con el Estado. El conejo se procura la historia de un conejo doméstico, que “un día apareció” pero no espontáneo, se aclara dos versos más abajo, sino fruto de una transa en el mercado. Un conejo comprado, entonces, que se hace doméstico y, acorralado, es objeto y testigo del funcionamiento de una familia. Su jardín, su bosque, su orden bárbaro, él los trae ahí para entablar regateos mudos con esa familia que mira y lo mira. Lo único que anuncia en el primer verso la aparición repetida del conejo, sin decirlo, es su desaparición inexorable: es el destino rápido de los conejos domésticos, que aunque traigan su orden bárbaro grabado en el corazón y en la memoria, desisten de esa vida módica. La conclusión es escéptica: “mínimo confort y mínima aventura”. Quizá la forma circular del poema exigía un final, que en la poesía, ejercicio concentrado de la persuasión, debe ser triste. Pero lo que ha quedado son escenas. “Nosotros detrás del acrílico reímos”. El conejo ofrece su vida para la risa de la familia. La muerte, banal y sentida, es también el rito por el cual la vida de la familia es narrada. La impiedad insolente de la familia siempre acalla a la poesía-conejo, pura letra sin voz, y le da el destino de un ritual secreto; pero la poesía-conejo, como una revolución que a su paso sofoca otras revoluciones, empeñada en tatuar sus obsesiones, habla sólo de la familia y hasta lleva paz a su guerra. El poema presenta una forma inhabitual en la obra de MR. Tanto agua negra y natatorio como los inéditos lampiño y vapor son series extensas y compactas de poemas breves, que frecuentan tonos y temas emparentados y de aire familiar pero que de ningún modo narran, como ocurre en El conejo, una historia unitaria. El formato trae reminiscencias literarias: el cruce de las viejas fábulas animales con las variaciones en torno a un ser vivo que intentaron desde Williams hasta, más cerca, Iannamico. La estructura delimita también una moderada experimentación técnica (fragmentos de citas, cambios del punto de vista, versos largos y prositas) que MR tampoco frecuenta en el resto de sus obras. Pero estas novedades formales no ocluyen el intento persistente de enhebrar una lírica forjada en la afirmación, certera y a veces escamoteada, de una sensibilidad subjetiva. Alguien que escribe, y que confía en la fuerza de las imágenes convocadas por los sonidos; en este caso, la imagen vivaz de un conejo. ¿Qué contiene la cabeza del conejo, asustado pero también espejado por lo que ve? “Guardamos en la memoria imágenes de cacería”. La violencia vivida del corte en el balbuceo, la aparición de la madre y del padre, se ven apaciguada por los diálogos que sus textos entablan con las mujeres. En agua negra, la abuela que “miraba la tele” y la nena que levantaba su vestido, en natatorio, sus primas poetas “verónica marina lucía”, “parientas de agua” que siembran una “semilla de separación”, y también la que pide minuto en la violación y la señorita que “viene a la rastra” y que dice: “¿me harías eso a mí?”. El conejo, como una oleada que repone el balbuceo cortado, recoge también un murmullo siempre presente: un murmullo multiplicado que disuelve a la madre en muchas, y lo hace murmullo de las madres, “las alicias + 1”, diría Jean Lewinski. Ese rumor, no exento de violencia pero portador de una palabra que restablece, es también un diálogo literario donde resuenan, tal vez, las voces de Diana Bellessi (evidente en ese “conejo más grande que se come al chico de un bocado”, escrito ya en Tributo del mudo: “Devora / la hormiga grande / a la chica”) y de Alicia Genovese (¿no remite, por ejemplo, “al borde del lago se mira el rostro de miles de años” al “río que mana elemental” de El borde es un río?). Aunque el padre y la madre no aparecen tanto como en los libros nombrados, el filamento agitado de lo doméstico vira con analogías que no temen aludir a la experiencia política. La poesía, con su retórica demorada y su aliento de otro orden, sagrado tal vez (sagrado, acá, como lo que imparte la memoria del pueblo), se arma una percepción propia, asediada por la realidad pero persistente en su sesgo sensible. Sin embargo, dibuja, otra vez, escenas. La guerra que libran los diálogos con el padre y con la madre son el flujo de la sangre que cocina lentamente, en la serie de lo que ahora son recuerdos infantiles, una conciencia política. La familia en armas: la guerra familiar no es en MR un desgarro interior, sino una especie de armada conjunta de los vínculos filiales; la poesía no es la zona donde se entablan pactos ni donde se plantean estrategias, sino las líneas puras donde puede ofrecerse la mirada comprensiva de una historia masticada largo tiempo, donde la guerra biológica no se padece, se adquiere: “el hijo anfibio / que sobrevivió / cuando todo esto era el mar”. [Índice] [Principio de la reseña] La
curva del eco / Reynaldo Jiménez. Insertar la palabra y desmentirla hasta el tuétano, parece ser la mecánica, la política de Reynaldo Jiménez en La curva del eco, texto cuyo propósito pareciera ser el de desmalezar el núcleo de la palabra en funcionamiento. Pero hablar de propósitos tal vez no sea muy adecuado, ya que nada estaría inscripto de antemano. La curva del eco muestra un desdecir de la frase devenida verso y vuelta frase, en un doble movimiento de regreso-salida-regreso al punto de partida. Sin embargo, lo que gobierna a La curva del eco es el sentido del fade, es decir, una manera sigilosa de retirar el sonido y despojarlo de atributos hasta hacerlo pura circunspección. Y también, de la misma manera, regresarlo, hacerlo evolucionar: de la nada completa, discoidal, al ruido posible, al entramado fijo y deslizante como si las palabras armaran un arco voltaico fantasma que reverbera. La escritura se dirige así hacia el silencio, del que se sale en oleadas de interferencias, irrupciones, bordeando con mucho el perímetro del poema. La índole del eco, entonces, supone la eventualidad de poner en escena ese fade que lo instituye. Se trata de propagar una frase o un grito sobre el desplazamiento de la masa de aire, hacia ese vacío de aire con cierto sentido de finitud, aunque también de renuevo, en los distintos planos de repitencia que sobrevive a toda resonancia. Así se lee en “Bazar en el retablo”, uno de los extensos poemas del libro, “un segundo después se achica el tiempo/ me empino hasta su borde para escucharlo/ y me rasca de su abollado fondo/ de continuo perderse y de estar cierto”. Esa resonancia antimimética de los poemas de Jiménez sucede entre los remanentes de un mismo pliegue infinito, donde la búsqueda del centro de atención del poema se desintegra a medida que avanza, revira, transcurre hacia adelante. No es que Jiménez trabaje montado en la mecánica de la dispersión, sino que los poemas de La curva del eco interesan el sustento informe que los amplifica. En ese sentido, el constructivismo verbal de esos textos se vuelve horizontal, se desentiende de cualquier énfasis meramente poético, y atrofia cualquier impacto de cristalización. Cambio de centro y confianza en la superposición que no conduce a una irrelevante polisemia, porque no hay tal cosa. En el libro de Reynaldo Jiménez las imágenes cargan sentido por sí mismo, no reproducen otra cosa que la forma que las contienen. Es un arco de sal movido por Lezama, pero en fotograma. No estamos frente a un poeta de la proliferación (aunque a simple lectura eso pareciera), sino de la dilación. Jiménez intenta retrasar la salida de las palabras con el objeto de evaluarlas a medida que suceden, y establecer con ello un ritmo por orden de aparición. Se percibe entonces la sensación de permanente suspensión de la lengua, como si el texto y sus voces acordaran un pacto temporal, en ralentí. La curva del eco, entonces, afianza cierto camino de ascensión de la poética de Jiménez, aunque se trata de una elevación hacia los márgenes, como la superficie de un estanque aún no conmovido por cualquier otra presencia que no fuese un litigio templado. El camino emprendido desde Tatuajes hasta Musgo, aún inédito (pasando por Eléctrico y despojo, Las miniaturas, Ruido incidental/El té, 600 puertas y La curva del eco) es el de un escritor que encontró su lenguaje. Sus textos muestran cómo se puede inscribir una escritura por fuera de los acontecimientos que la menguan, haciendo oídos sordos a cualquier aspiración normativa de la lengua. Por eso, La curva del eco se incluye en una familia poética alejada del sentido de frontera que tanto disgusta a nuestro autor, e instala una heráldica (“un código de segundo grado”, diría Nicolás Rosa) que pone al día la figura del secreto y a la par lo transforma. [Índice] [Principio de la reseña] Arte Pasado el revuelo que generaron las obras exhibidas en el tradicional salón de Arte Sacro del 2001, el Museo Municipal de Arte de Tandil continúa con la excelente política de exposiciones y gestiones culturales impulsada por su nuevo Director Cristian Segura. Arrancó la temporada con una muestra cojonuda, como diría un gallego amigo. “Sortilegio” reúne a artistas de distintas vertientes como Sergio Avelo, Fabián Burgos, el platense Mario Chierico y la singular Karina el Azem entre otros, con la finalidad de reformular los supuestos sobre abstracción y figuración. Dice Segura al respecto de esta pluralidad: “Las obras abarcan una perspectiva disímil y representativa sobre las producciones no narrativas actuales argentinas, y pretende dar cuenta de una curiosa contaminación o coincidencia estética con los artistas precursores de nuestras formas de abstracción, en especial del arte concreto en los años ‘40.” La muestra, que sigue su viaje hacia Mar del Plata, es otro ejemplo de cómo paulatinamente la producción artística contemporánea al cuidado de buenos ojos se proyecta por nuevos y calificados circuitos de circulación. La curadora de la muestra Patricia Rizzo escribió para el catálogo esto: Sortilegio en Tandil / Patricia Rizzo "Abstracción puede describirse como la capacidad de convertir las formas de la experiencia no comprendidas en expresiones de significado alegórico, como consecuencia de la cualidad fundamentalmente irracional de la creación artística" Dividir la producción de arte actual entre figuración y abstracción o entre obras narrativas y no representativas es un concepto perimido. Por otro lado, ¿qué es abstracción? Una tendencia artística que se caracteriza porque en la pintura, en la escultura, o bajo cualquier soporte, "no hay nada representado". Según esta lectura, existirían dos tipos diferentes de obras de arte: las que tienen una lectura tomando como referencia el mundo de nuestra experiencia sensorial, y las que no. Sin embargo, siempre parece haber algo representado, aún si remite al fragmento más subjetivo del imaginario del artista. Por otro lado, el que una forma artística actúe en forma "representativa" o no, depende a menudo del contexto en el cual es observada y de los conocimientos previos con los cuales el espectador se aproxima a ella. Y si bien se puede afirmar que ciertas producciones no hacen referencia a ninguna realidad, no se puede trazar una división muy clara entre arte narrativo y no narrativo. Aún así, todavía es posible encontrar características y analogías que se suceden en manifestaciones muy distintas que se encuadran en propuestas que pueden definirse dentro de un concepto de abstracción. Tanto en artistas que trabajan con propuestas ligadas a lo ornamental, en aquellos que indagan en las posibilidades del diseño, en variados lenguajes derivados del imaginario personal, en los diferentes efectos logrados a través de los juegos ópticos, por formas geométricas (como los que incursionan a través de poéticas individuales); aunque todos parecen estar hoy muy lejos de las motivaciones utópicas propuestas por nuestras llamadas "vanguardias". Los artistas que producen actualmente obras no narrativas responden a tendencias muy diversas. Muchos de ellos han encontrado en los iniciadores referentes, y tienen una mirada de elevado respeto hacia sus producciones, pero en la revisión de sus motivaciones en la mayoría de los casos se trata de coincidencias estéticas, más que de una corriente de pensamiento en analogía. De una mirada sobre estas producciones actuales, surgió la idea de Sortilegio. Los móviles estéticos de los artistas representados difieren casi completamente de los discursos propuestos por los artistas precursores de nuestras formas de abstracción. Es muy curiosa la comprobación de que formalmente en algunos casos se ha llegado a resultados similares desde caminos singularmente opuestos. Desde las búsquedas ligadas al rigor matemático hasta la poética fascinación por las posibilidades en la indagación del color -en otra ocasión que comprueba que los opuestos frecuentemente se tocan- pueden observarse analogías estéticas. [Índice] [Principio de la reseña] Bahía Blanca fue un happening / Rafael Cippolini Si resulta fiable el calendario, el inigualable desastre (como pide Blanchot, no me refiero sino a cierta dispersión violenta de astros que enloquece al zodíaco) que fue génesis y matriz del film más innovador de la vanguardia bahiablanquense de los desquiciados sesenta, tuvo lugar en el verano de 1969, en un bar justo al lado de Colón 80, o sea, del predio del actual Rectorado de la Universidad del Sur, así como también en una ya casi legendaria peluquería de dos pisos, asimismo sobre la transitada Colón, pero al lado del Arzobispado. El peluquero, Mario Pieri, hijo de griegos, estuvo encantado del proyecto, que consistía en transformar su sitio de trabajo en una demoníaca boite. No en otro espacio sucedió eso que logra que la Misa Gnóstica de Aleister Crowley parezca en comparación la elección de una tierna piñata para el Día del Niño en un Kindergarten.El escenario elegido para el rodaje total fue la misma ciudad. Veinte actores animaron el celuloide definitivo (fue filmada en 8 mm, blanco y negro). Veinte actores irreconocibles: cada uno de ellos tuvo sobre su cabeza una capucha negra, similar a la de los penitentes. Y, si es que había un tema, este fue la irrupción de la turba de oscuros encapuchados por la tranquila ciudad (mucha calle O´Higgins, mucha Chiclana). Su director, Héctor Libertella, regresaba de una breve estadía en la casa de la suegra de Jack Kerouac (a quien ella denominaba Jack Carolina) y de obtener el mayor premio literario del momento (el Paidós, con $500.000 en efectivo) por su novela El camino de los hiperbóreos, acaso la única que se vendió como pan caliente en el Di Tella. La crónica del rodaje es implacable: consiste en una minuciosa narración de los distintos estadios de negociación con la policía local, que no terminaba de conceder permiso para su filmación (no es menor el dato que los militares aún gobernaban el país). 45 etapas consecutivas. Estos beatniks góticos deambulaban en procesión por distintas calles hasta irrumpir, en medio de un sigilo por demás estruendoso, en las instalaciones del Bar Llao – Llao. Por una suerte de teletransportación muy de época, terminaban materializándose en la citada peluquería, entregados al desenfreno de una bacanal más que temible. Muchos ángulos de Eleusis a go – go, que sólo permanecen en el recuerdo de los implicados, ya que el rollo correspondiente a estas últimas escenas se veló y las fotos fijas que lo documentan son, por supuesto, abominables. Alguien interpretó il Cardelino, triste melodía si las hay. De hecho, nadie contuvo el llanto indiscernible bajo las capuchas. En total, 28 minutos de exabruptos. Se proyectó por primera vez en la Biblioteca Rivadavia y casi de inmediato en la Asociación de Empleados de Comercio. Los vítores se continuaron por semanas en la euforia del píccolo mondo. Hecatombe. El clima tan viciado de estéticas Tanto, que Libertella decidió presentarla en el Primer Festival de Cine Latinoamericano en Córdoba, ya en 1970. de protesta y de recuperación étnico política de comunidades indígenas obligó a Libertella a atrincherarse en su hotel y no escaparse de su habitación durante días junto al borrador de su guión, que no era sino una variación de la novela que había escrito durante el servicio militar, y que inmortalizaba a hombres de metal que se horrorizaban ante la mera posibilidad de recibir injertos de carne. La única copia existente de este happening de acetato sigue en manos de su camarógrafo, Buby Fitipaldi, esté donde esté. Las líneas
dibujadas interpretan la arquitectura / Claudia Groesman Las diagonales, verticales y horizontales
subvierten el espacio real produciendo líneas de fuga que lo atraviesan
y continúan más allá de lo perceptible. [Índice] [Principio de la reseña] Blanco horizonte / Marina de Caro Verónica Valli - Lucía Bianco Visibilidad y nuevas fronteras se han abierto a nuestra mirada. La joven producción artística de las provincias está ocupando un lugar en Buenos Aires. Una nueva ruta trazada en la búsqueda de quienes en silencio y desde otros centros de producción trabajan en la construcción de un lenguaje artístico propio y contemporáneo. Esta vez La Casona de los Olivera recibe dos jóvenes artistas de Bahía Blanca El centro de exposiciones de Parque Avellaneda, se inauguró una nueva temporada. Hasta el 14 de abril se podrán visitar las muestras de Ana Casanova, Ana Lozano, Alejandra Olivari, Jimena Lazcano de Buenos Aires y Verónica Valli y Lucía Bianco de Bahía Blanca. En la primer sala nos recibe la obra de Lucía Bianco. Cortes de suelos y dibujos de órganos tomados de los manuales escolares y libros de texto del secundario. Aquella información que por más que intente darnos idea de verdad con su lógica académica nunca deja de atraernos simplemente por su gráfica hipnótica. Puntos rayas y colores en una composición abstracta, en capas geológicas. Es ahí donde posa su mirada Lucía, la ciencia y sus diagramas ¿Cuánta información nos legan? ¿Es información científica o sólo un diseño gráfico que nos seduce?. ¿Es una representación de lugar o sólo bajo ese suelo descansan las ilusiones que por el momento no han encontrado la salida?. Cartas que nunca fueron enviadas en la cámara magmática de un supuesto volcán, hojas escritas como repuestas latentes en un paisaje geológico. Según Lucía sólo un capricho decorativo, pero mi ojo me dicta, más que un diseño, misterios bajo tierra En el segundo piso los códigos secretos de Valeria Valli. Con un esquema que alude a una mística particular de la artista, pinta retratos de amigos, conocidos y no tanto. Pinturas sobre papel de pequeño formato nos obligan a acercarnos con un gesto de curiosidad como si fuéramos a descubrir quienes son esas personas. Identificados por números y diagramas básicos de líneas verticales de colores que fueron intencionalmente elegidos Otros códigos de barras, no los que la industria y el mercado nos han impuesto, esta vez no olvidan la cara sensible de cada uno de nosotros, los colores que identifican nuestro humor, nuestro estado del alma, Bahía Blanca no descansa. Continuamente bienvenidos [Índice] [
Principio del artículo] Exteriores Distancia y presente simultáneo. El escritor David Wapner desde Israel y el artista plástico Luis Lidner desde Suiza, piensan el acá desde allá. Las noticias, es de suponer, les llegan por diversos canales: CNN por un lado, cartas de amigos por otro, editoriales en inglés y porteño, patria & the Argentine people, atentado en Tel Aviv, cotización del Euro, dólar a 4 pesos, los que se quedan y se van. Invitación al debate, a la polémica. Oportunidad de pensarnos, decirnos y seguirla en los números siguientes. Escritos sobre la enfermedad argentina: aquí van. El portafolio caníbal / Lux Lindner 1 Cuando vuelve la democracia se pone de moda echarle la culpa de todo a los militares... ¡como si fueran el ejército de otro país! No sé si en 1976 hay algún militar dispuesto a defender la democracia; pero está claro que hay muchos civiles interesados en estrangularla, caballeros de saco y corbata que no han pasado por ningún tribunal y siguen caminando por la calle.Y en la época de Alfonsín se vuelven plaga esas películas donde las mujeres son la conciencia moral de la especie, como si hubiera muchos militares solteros. Hace un año veo a Martínez de Hoz caminando por Florida con la esposa, como si nada. Entra al cine a ver una película de Wim Wenders. Nadie en la calle parece darse por enterado. ¡Eichmann en Jerusalén pero caminando por la calle! Por una casualidad yo tengo las manos vacías (suelo andar con un portafolio negro) y no hay objeto contundente a mano como para saludarlo. Y encima soy yo el que va a quedar como un delincuente, porque la calle Florida no parece darse cuenta de que el superminstro de la dictadura se pasea lo más campante, a la luz del día, en medio del mundo que él, como pocos, ha contribuido a transformar en un basurero sin esperanza. En lo personal puedo decir que Martínez de Hoz ha destruído el mundo de mi infancia, es decir la industria argentina donde he esperado conseguir un lugar razonable en una sociedad animada de propósito, un trabajo en una fábrica, una esposa que me conteste en mi idioma, etc. Desde entonces me la tengo que pasar haciendo morisquetas absurdas para sobrevivir, como los crotos de Lucerna que venden cuadernillos fotocopiados con la historia de su vida. -Diez francos el cuaderno sencillo! -Quince francos el cuaderno con caramelos! Y si uno no cree en la reencarnación quiere decir que esta payasada será toda mi eternidad, todo lo que quede de mí por los siglos de los siglos amén. 2 La moda actual es echarle la culpa de nuestras desgracias al Fondo Monetario Internacional y otros organismos transatlánticos de siglas raras. Conviene aclarar algo; no hay en ninguna parte de este mundo una asamblea de gordos con chaleco brindando porque la Argentina se desintegra. No somos semejante botín como para justificar una conspiración de terceros. De haber ido a la bifes con Chile la habríamos pasado muy mal; y la economía del Brasil pronto nos va a pasar por encima como una aplanadora. Solo somos un peligro para nosotros mismos. Por supuesto que existen cosas como el imperialismo militar económico y cultural, pero los centros de irradiación de estas energías operan a un nivel tan estratosférico que excede nuestras posibilidades de influir sobre el centro de emisión. A nuestro nivel, al nivel en el que es lícito preocuparse, es decir lo que pasa en territorio argentino, opera esa cosmovisión tanguero-delictivo-picaresca que de seguir en pleno vigor nos va a hacer desaparecer con mucha mayor rapidez y efectividad que las calculadoras del Fondo Monetario. Somos el lado de la ecuación que es posible cambiar. Es una imbecilidad esperar que modifiquen su manera de pensar los europeos o los americanos del norte; son y seguirán siendo unos unos vampiros profesionales y con eso han construido su "prosperidad". ¿Alguien esta sorprendido porque los testaferros de la Revolucion Francesa, Aufklaerung, etc, vengan aquí sólo a manotear? ¿O porque un hincha de San Lorenzo estrangule al proyecto del Misil Condor en la cuna? Insisto en que vistos desde la Pampa no hay diferencias. Uno conserva una especie de debilidad sentimental por Europa pero la manera en que los europeos critican a los Estados Unidos puede compararse a una señora de 60 que critica a una chica de 20 porque lleva una vida disipada... pero ella a los 20 llevaba esa vida, o todavía peor. Encontrar diferencias entre distintos carteristas no va a hacer mucho por nuestro monedero. En palabras de Jauretche "la cuestión no es cambiar de collar sino dejar de ser perro". Pero antes de ser perros del FMI, somos perros de nuestros políticos y de los tecnócratas que se pasean por Florida. 3 Si hay una ciencia que hace falta en Argentina, es una Antropología de la Corrupción, investigar por qué la traición es posible, deseable y no recibe castigo. Hace falta no sólo en Argentina, claro, pero ya con desactivar la bomba en casa le habremos hecho un lindo servicio a la ciudad. ¡Limpia tu aldea! Que términos como "cometa" regresen al ámbito astronómico. O palabritas como "pragmatismo”, ¡el nombre para la resignación infinita y la venta del propio pueblo! Buchón!- Botón!-Oreja!-Ortiba!-Ortibón!-Traga!- cuántas palabras hay ya en la escuela sólo para descalificar al que quiere trabajar o tiene un ideal o quiere hacer algo constructivo. Y son términos que funcionan. Puedo garantizar que funcionan muy bien en las últimas decadas del siglo 20, indiferente a si se está bajo un gobierno civil o militar. No hay en cambio palabras de peso semejante para describir a un parásito, un estafador o un delincuente. O las hay, pero sin tanta fuerza para descalificar; finalmente resultan más suaves y hasta participan de una especie de simpatía, una piedad final... la misma que está por retorcer el pescuezo de nuestro futuro. El triunfo de esta jerga delictiva, hostil a cualquier tipo de ley, estructura la mentalidad necesaria para un mundo donde ser honesto no es sexy y tener impulsos constructivos es una chiquilinada, digna de una persona de cuarenta años que no se ha enterado que los Reyes Magos son los padres. Parece que el trabajo duro no conquista a las chicas de tapa. Y en un mundo secular sin reencarnación lo que se está dispuesto a hacer por las chicas de tapa es casi la medida de lo que valemos. Quien no percibe los valores del sistema se va a encontrar con que nadie lo defiende en la víspera de una catástrofe. Y si al principio se puede todavía tener escrúpulos (venidos vaya uno a saber de dónde) el hombre es finalmente zoon politikon y debe bordarse a sí mismo en el tejido de algún grupo social para no terminar en aislamiento. Así que click, enter, ¡y a estafar! años de jarana y jarana. El tango ha sido la banda de sonido de este festival de sonrisas torcidas, un edificio nefasto construido con ladrillos de estupro, incesto y traición. Que lo desmonten pieza por pieza y lo instalen en Holanda pero lejos de la costa, donde el agua se lo trague pronto! 4 No escribí este texto para que me aplaudan, sino para que aplaudan al que demuestre que estoy equivocado. [Índice] [Principio de la reseña] La corneta argentina / David Wapner
[Índice] [Principio de la reseña] Por G. L. Estos son algunos de los materiales que nos llegaron: Revistas Reflejos Nº 9 – 2000/2001 Revista del Departamento de Estudios Españoles y Latinoamericanos de la Facultad de Humanidades de la Universidad Hebrea de Jerusalén. Directora : Myrna Soloterorevsky – msmyrna@mscc.huji.ac.il En el sumario se destacan artículos sobre Roberto Arlt y Gabriel García Márquez. Rescatamos un fragmento del texto del paisano Arnoldo M. Kierszenbaum Acuerdo A mi hermano de Manhatan Guardo el destino Trilce Nº 8 Diciembre 2001 Esta publicación chilena, en cuyo consejo de redacción colaboran algunos poetas argentinos, dedicó el último número casi en su totalidad a reflexionar desde distintos artículos sobre la obra de Juan Gelman (incluye un par de textos inéditos y bibliografía completa). Juguete Rabioso Nº 1 Octubre 2001 Realizada por los alumnos del departamento de Humanidades de la Universidad
Nacional de la Patagonia - rev_jugueterabioso@yahoo.com.ar Critica Nº 90 Diciembre 2001 “La cosmogonía” de Philip K. Dick por Enrique Serna y “¿para qué poemas?” por Raúl Dorra, entre otros articulos y textos inéditos de Mario Vivero García, Daniel Mourel y Reina María Rodríguez. Letra Internacional
Nº 73 invierno 2001 – Esta publicación del verdadero primer mundo tiene un collar de colaboradores peso pesado que no se puede creer. Por ahí se encuentran artículos (especialmente redactados para la revista) de Juan Goytisolo, Umberto Eco, Savater, Rosa Pereda, George Steiner y el bahiense Mario Merlino (bueno, en verdad de Coronel Pringles) entre otros marotes. En el último numero que recibimos se puede leer “El fin de la Excepcionalidad” de Susan Sontag, una destacada pensadora que ha vivido voluntariamente los horrores de la guerra en Sarajevo pero que a la hora de puntualizar sobre el ataque a las torres gemelas se despacha con esto: “La misma mentalidad que condenó a muerte a Salman Rushdie pero no pudo matarlo, hace poco condenó a muerte a cerca de seis mil personas, muchas de ellas extranjeras, en los Estados Unidos. Para acabar con esta violencia, será necesaria la violencia. Dentro de las reglas de la guerra, tenemos que actuar y no sólo culpabilizarnos, para que pueda haber una posibilidad de prevenir masacres futuras”. Qué me contursi. Insula Nº 660 Esta publicación que se edita desde hace 56 años está dedicada íntegramente a autores españoles, aunque el más joven de los mencionados hizo el Jardín de Infantes con Valle Inclán. Dirigida por Victor García de la Concha. Una verdadera hendidura en la cultura española. Libros Timbal Ultravioleta / Rafael Vásquez En el Mar de su nombre /
Maria Montserrat Beltrán Cansancio de lo escrito /
Pablo Queralt El sacatrapos /
Carlos Martín Eguía Natatorio / Martín Rodriguez Bitacora del Iluso / Osvaldo Sauma Enrique IV / William Shakespeare Cartas sin Cuerpo / Alfredo Trejos [Índice] [Principio de lo que vino]
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